martes, 23 de noviembre de 2010

EDITORIAL: Jaime Verdín: corresponsable

Hace cuatro años, a pocos días de haber protestado el cargo de “representante popular”, Jaime Verdín despreocupado se paseaba por los pasillos de la Cámara de Diputados. Pero fue el primero de diciembre de 2006, cuando él, junto con muchos más diputados, arriesgaron su integridad física para dar paso a lo que se llamó: “la toma de protesta del espurio al cargo de Presidente de la República”. Feliz, Verdín presumía su hazaña: “ha ganado, a favor de la democracia, la cordura y la civilidad. Nos esperan años de progreso y continuidad de lo realizado en el sexenio anterior”. Por ello, decimos que Jaime Verdín es corresponsable de lo que hoy sucede en el país, a partir de que él fue uno de los que contribuyeron a la inauguración del ya denominado sexenio rojo.

Jaime Verdín es corresponsable de que en el país existan millones de jóvenes desempleados, sin acceso a la educación, carentes de oportunidades y, en resumen, sin futuro. Recientemente dos dependencias del Ejecutivo federal –Segob y SEP– fallidamente intentaron minimizar el número de jóvenes mexicanos en tal condición. Son 285 mil, según sus cifras, pero expertos en la materia y voces éticamente autorizadas –como la del rector Narro– han tirado a la basura la endeble versión gubernamental: son 7.5 millones, y contando.

Jaime Verdín es corresponsable de que el país acumule un espeluznante rezago social. El modelo económico defendido a capa y espada por quienes imponen gobiernos sólo ha provocado que tal inventario se incremente día tras día. La economía mexicana no funciona para los más, lo que ha profundizado la problemática social, y por si algo faltara, la crisis de 2009 empeoró más el panorama.

Jaime Verdín es corresponsable de que las políticas de Calderón hayan hecho en consecuencia de México el espacio para que se lleven a cabo operaciones violentas de todo tipo, incluso de terrorismo, con objetivos políticos. Ya desde mediados de 2009 expertos señalaban que decapitaciones, narcomantas y ejecuciones eran obra por igual de militares como de ex militares al servicio del narco y que tendían cada vez más a fortalecer la imagen de México como un narcoestado para propiciar en todos los órdenes la intervención del exterior.

Jaime Verdín es corresponsable de la severa crisis del Estado mexicano, los mexicanos lo padecemos y el mundo es testigo: pobreza endémica, violencia inusitada, corrupción atávica y una desigualdad que avasalla en cualquier lugar del territorio, son expresiones de la debilidad en que se encuentra el Estado mexicano del siglo XXI. De las guerras intestinas del siglo XIX que costaron la mitad del territorio a la dictadura porfirista y del régimen autoritario del PRI que predominó en el siglo XX a la alternancia pactada de ese partido con el PAN, el Estado que se gestó hace dos siglos ha sido incapaz de generar uno de sus componentes básicos: la ciudadanía. La falta de ciudadanía permite y explica a una elite política y económica que en dos siglos ha dispuesto de los recursos de la nación sin someterse a un control real y efectivo. Su voracidad y trapacerías explican en buena medida la impunidad histórica de México.

Jaime Verdín es corresponsable de las políticas neoliberales, del abandono del modelo solidario de desarrollo y la entrega de los recursos y bienes nacionales a privados nacionales y extranjeros. A partir de tales condiciones, el bicentenario Estado mexicano generó su propio veneno: los poderes fácticos, representados por el narcotráfico y la televisión. A manos del narcotráfico, el Estado mexicano ha dejado de tener presencia en crecientes zonas territoriales en todo el país. Lo que significa que México ha perdido a miles de personas que viven en torno a la ilegalidad y la violencia.

Jaime Verdín es corresponsable de que ante la televisión, los Poderes del Estado hayan perdido autoridad, de que estén sometidos a la dictadura de la pantalla. Hoy, beligerante, la televisión desafía y hace sentir su fuerza cuando se trata de que prevalezcan sus intereses, a costa de los de la nación. Forma y deforma, en detrimento de la ciudadanía.

Jaime Verdín es corresponsable de que el Estado no pueda garantizar la integridad de las personas y la posesión de sus bienes. Los casi 30 mil muertos que van en la "guerra al narcotráfico" del gobierno de Felipe Calderón hablan de un problema mayor: el de su incapacidad para garantizar la seguridad nacional.

(Con información de Carlos Fernández-Vega, La Jornada, 31/VIII/10; Luis Javier Garrido, La Jornada, 3/IX/10; Jorge Carrasco Araizaga, proceso.com, 12/IX/10).

EDITORIAL: La degradación del Informe

La institución del Informe presidencial a las cámaras del Congreso es extremadamente importante en nuestro orden constitucional. Desde luego, significa el encuentro de los dos poderes de la Unión más representativos. La fórmula oficial dice que el presidente informa a “la representación nacional” (el Congreso) sobre el estado que guardan los asuntos de la nación bajo su gestión. En el régimen de la Constitución de 1917, empero, ha experimentado un deterioro que raya en la degradación sin remedio. El Informe se ha convertido en el acto más intrascendente y a menudo ridículo de nuestra vida institucional. Los presidentes de la Revolución Mexicana hicieron de su fecha una vil pachanga que acabó llamándose “el día del presidente”, y los presidentes panistas lo han convertido en una pantomima.

La obligación de informar de parte del presidente, se supone, debe dar lugar a la evaluación de sus actos por parte del poder que recibe su informe y determinar si actuó apegado a la Constitución y a sus leyes. Nada más, pero nada menos. El que las cosas no sucedan como se estipula en la letra de la Carta Magna y sus leyes es algo normal, es la normalidad política que convive con la normalidad jurídica. La diferencia está en que la normalidad jurídica es obligatoria y si no se la cumple se incurre en responsabilidades. Lo que hacen el presidente y el Congreso es un acto de simulación (el uno, haciendo que informa, cuando sólo se hace el tonto divagando sobre las bondades ficticias de su gobierno; el otro, haciendo como que queda informado y no más).

Hasta el 15 de agosto de 2008 se mantuvo en pie el requisito de que el presidente debía asistir a la sesión del Congreso general a presentar su Informe. Tal vez vistas las desagradables experiencias de Fox con su último Informe, el artículo finalmente se reformó en esa fecha para imponer que únicamente presentará un Informe por escrito. Los panistas y los priístas (los perredistas colaboracionistas incluidos) decidieron que el titular del Ejecutivo no debía ya “exponerse” a los desaires de legisladores rejegos y provocadores y bastaba con que entregara su Informe por escrito sin tener que asistir a la sesión del Congreso general. Con ello, una institución netamente republicana y democrática como es la de la rendición de cuentas y, además, su debate por parte del Congreso terminaron naufragando.

La indigna pantomima en que se ha convertido la institución republicana del Informe presidencial, primero, con los priístas endiosando a su presidente, y luego, los panistas que nunca lograron entender de qué se trataba, nos ha hecho experimentar otro empujón hacia la más deleznable arbitrariedad y la más completa impunidad en el ejercicio del poder. La derecha jamás se ha medido en sus arranques autoritarios y en su desprecio por las instituciones. Lo que hemos podido observar con Calderón en ocasión de su cuarto Informe de gobierno rebasa todos los límites de la desvergüenza. Como han señalado varios expertos, el panista no dijo nada que no hubiera dicho antes, sea en el tema de la seguridad sea en el de la economía sea en el de la justicia social.

(Texto de Arnaldo Córdova, La Jornada, 5/IX/10).

EDITORIAL: El segundo falso final

George Orwell ha vuelto a nacer en la Casa Blanca. El anuncio del presidente Obama del “fin de la misión de combate” en Irak y su conversión en “operaciones contraterroristas” ha dado un nuevo nombre a lo mismo: a partir del 1º de septiembre aún quedarán 50 mil efectivos estadounidenses que seguirán tirando balas sin saber hasta cuándo, para no hablar del ejército de mercenarios, muy superior en número.

El general David Petraeus, comandante en jefe de las tropas que ocupan Irak y Afganistán, parece no haber escuchado el mensaje de su mandatario: “En primer lugar, no nos estamos yendo –dijo por la CBS–, nuestras tropas permanecen en Irak con una enorme capacidad”. De combate, claro está. No deben tener radio ni televisor en el Pentágono. Su secretario de prensa, Geoff Morrell, afirmó: “Que yo sepa, nadie ha declarado el fin de la guerra”. Tampoco leerán allí los diarios amigos que, con grandes titulares, anunciaron que Obama había mantenido su promesa electoral de retirarse completamente de Irak a fines de agosto.

La actitud de Obama recuerda el “Misión cumplida” de W. Bush a bordo del portaaviones USS Abraham Lincoln pocas semanas después de la invasión. Un cumplimiento bien raro: pasaron más de siete años desde entonces.

Las “tropas de combate” estadounidenses fueron rebautizadas y ahora son “tropas de transición”. No falta mucho para que la “Operación Libertad Iraquí” que derrocó a Saddam Hussein se denomine “Operación Nuevo Amanecer”. Está previsto. Orwell es eterno.

(Texto de Juan Gelman, página 12, 21/VIII/10).

EDITORIAL: Chile: el peso del pinochetismo

Al conmemorar los 37 años del golpe de Estado en contra del gobierno de Salvador Allende en Chile, el presidente de ese país, Sebastián Piñera, dijo que el bombardeo del 11 de septiembre de 1973 al Palacio de la Moneda fue el “desenlace previsible, aunque definitivamente evitable, de una democracia que venía enferma de odiosidad, de polarización extrema, de falta de diálogo”. A renglón seguido, el mandatario dijo que “no podemos quedarnos atrapados en las mismas querellas y visiones y odios del pasado”, y pidió superar las divisiones que persisten en la sociedad chilena a raíz del golpe.

Estas declaraciones son tan impresentables como escandalosas, por más que no resulten sorprendentes en un personaje como el actual mandatario chileno: si bien apoyó, a título personal, el fin de la dictadura en el plebiscito de 1988, Piñera ha sido señalado como beneficiario del desmantelamiento del sector público emprendido por la dictadura militar y como uno de los principales encubridores parlamentarios de los crímenes del pinochetismo, y fue postulado por una coalición formada por la Unión Demócrata Independiente (ultraderecha) y la Renovación Nacional (centroderecha), organizaciones que fueron sostén civil de la dictadura.

A contrapelo de lo que señala el gobernante de la nación austral, la institucionalidad democrática chilena no sucumbió por estar enferma de “polarización y falta de diálogo”; lo hizo, en cambio, como resultado de una larga campaña de desestabilización concebida, organizada y financiada por Washington contra el gobierno constitucional que presidía Salvador Allende, como lo demuestran, entre otras cosas, documentos desclasificados de la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos.

Fue a raíz de la violenta sublevación militar encabezada por Augusto Pinochet que en Chile se instauró un modelo de gobierno basado en el exceso totalitario, que dejó un saldo de miles de muertos y desaparecidos. El correlato de este modelo de barbarie en el control y el sometimiento políticos fue la aplicación de postulados económicos orientados a convertir las sociedades en mercados y a imponer en ellas la ley de la selva, y que posteriormente fueron recogidos por una escuela dominante que aún inspira las políticas económicas oficiales de muchos gobiernos. Es precisamente la aplicación de esa doctrina económica lo que se ha desempeñado, en las décadas posteriores al golpe de Estado chileno, como factor de división y lastre fundamental para la reconciliación social a que llama el gobernante: hoy, y en contraste con la prosperidad que han alcanzado algunos prominentes empresarios –como el propio Piñera–, Chile se ubica como una de las naciones más desiguales de América.

Adicionalmente, y a pesar del rechazo que concita la dictadura militar en los discursos oficiales del Chile contemporáneo, la clase política de ese país ha mantenido intacto no sólo el modelo económico legado por el pinochetismo, sino también las normativas antidemocráticas, estrechas y conservadoras impuestas por la dictadura en sus momentos finales, empezando por la Constitución de 1980, redactada por los generales para garantizarse impunidad tras el fin de su régimen. Otro ejemplo de ello es la huelga de hambre que desarrollan, desde hace más de 60 días, una veintena de comuneros mapuches procesados con base en la impresentable ley antiterrorista, vigente desde los años de la dictadura militar, y aplicada en contra de cerca de medio millar de miembros de esa etnia por los gobiernos de la Concertación.

En suma, los elementos de juicio disponibles contradicen el dicho presidencial de que en Chile ha tenido lugar una “transición exitosa y ejemplar”. Por desgracia, no parece viable que los rezagos persistentes puedan ser superados por el actual gobierno: antes al contrario, los señalamientos de su titular permiten ponderar el peso que sigue teniendo el pinochetismo en aquel país sudamericano.

(Editorial de La Jornada, 12/IX/10).

MUNICIPAL: Discípulos de la desvergüenza

En la antigua Grecia, el cinismo fue una corriente de pensamiento, utilizado por Diógenes como una crítica contundente y excéntrica al poder establecido. Con el tiempo la acepción del concepto de cinismo se ha desvirtuado y, en ciencia política, ha derivado hacia derroteros menos saludables. Hoy, los cínicos se distinguen y se califican como tales por su desvergüenza a la hora de mentir y defender sus patrañas, sobre todo delante de cámaras y micrófonos. Buena muestra de esa desfachatez la han dado estos días algunos políticos, metidos a tertulianos, al analizar la falta de seguridad en el municipio y al anunciar el “aterrizaje de programas de beneficio social”. Estos discípulos de la desvergüenza, conocen de buena mano que la falta de seguridad pública es consecuencia de un régimen social basado en el saqueo, la falta de oportunidades y la mediatización. Las autoridades municipales simplemente siguen el libreto ordenado por el gobierno federal, y han retomado el manual de “guerra sucia” para socavar la confianza de la opinión pública favorable a un nuevo ciclo político. Ellos conocen muy bien del discurso de la desfachatez y de la mentira, de la verborrea, esa que pronto se olvida. Por lo menos Diógenes se limitaba a clamar: busco un hombre honrado. ¿Hay alguno entres ustedes señores del gobierno municipal? ¿Será posible encontrar un hombre honrado entre la fauna que puebla la Presidencia Municipal y demás recintos que albergan a los parásitos del erario, seres perpetradores de aberraciones, perversidades y las más increíbles malevolencias cometidas bajo la aureola de la virtud? Seres intolerantes que manifiestan su congénita predisposición mediante actos u omisiones grotescos, que exteriorizan y ejecutan los razonamientos siniestros que se generan en el rincón más oscuro y retorcido de sus mentes enajenadas. Dicen los que saben, que la intolerancia proviene de la orfandad humana, de la necesidad de explicar el mundo con mitos y dogmas; la socialización de los dogmas deriva en imposiciones de índole moral que suelen exacerbarse por el matiz del poder. Cuando las doctrinas moralizantes extinguen el raciocinio alcanzan los peligrosos niveles del fanatismo, que al fusionarse con ideologías políticas desprovistas de un fundamento filosófico humanista, producen una implosión expansiva mejor conocida como fundamentalismo. En el extremo fundamentalista se ubican los miembros de la elite política-religiosa-cultural que, amalgamados, se adjudican la autoridad moral para dictar decálogos excluyentes, imponen rasgos xenofóbicos y erigen los estigmas que habrán de marginar a quienes son, actúan o piensan diferente. A ellos no les importa lo que piense o padezca el grueso de la población. Ellos quieren hacer creer que los que sacan cuentas en un escritorio allá, lejos, en el ombligo de la ciudad, están para que todo mejore. Que sus veredictos son lógicos y razonables. Sus números fríos y alegres, sus promesas y sus discursos melosos y fantasiosos, no le dicen nada a los que viven de vender su fuerza de trabajo. El obrero hace mucho que dejó de sentir en el cuerpo esa organización irrazonada que da el trabajo. El trabajo seguro, ése que levanta a la mañana, acuesta cansado a la noche y da de comer todos los días. Casi sin sobresaltos. Derivado del estilo de vida que desde hace años se nos impuso, el obrero siente que perdió el rumbo. Que ya no recuerda el sonido agudo del silbato. Ese que convocaba al trabajo como a una fiesta que ya no es. La vida tenía horarios y su propio camino tenía un rumbo establecido. Llegar pedaleando durante cuadras y cuadras. Saludar al compañero como quien saluda a ese otro que aparece como el reflejo de sí mismo ante el espejo. Meterse de lleno en ese ritmo cotidiano que ya se perdió. Que ya no es. Las huellas de su memoria se ubican hoy exclusivamente en la mesa vacía. Con la culpa que es una mochila eterna y pesada que le duele hasta las tripas como si fuera una cuchillada que no cesa. Esa culpa de no pertenecer. De no saciar el hambre y la sed de su cría. A los políticos y miembros de la nomenklatura burocrática de todos los niveles, no les importa que el obrero por las noches se encuentre pidiéndole a ese diosito en el que ya no sabe si cree. Y le dice palabras que le salen a borbotones. Parecidas a ese grito de Juan Gelman, desgarrado poema de los nadies, cuando decía desde los cielos bájate, que me muero de hambre en esta esquina, que no sé de qué sirve haber nacido, que me miro las manos rechazadas, que no hay trabajo, no hay, bájate un poco, contempla esto que soy, este zapato roto, esta angustia, este estómago vacío, esta ciudad sin pan para mis dientes. Pero hay culpables, y la historia los sabrá reconocer en su momento; mientras, estos farsantes gozan de los privilegios que da el Poder, saborean cada roce con los de su clase, se contagian de las maneras y actitudes de los que comparten su forma de pensar y creen que nunca les llegará su tiempo. La vida no es un camino recto. Está lleno de hondonadas imperfectas. Los días felices en los que las cosas alcanzaban son parte de un ayer hundido en estadísticas oscuras que lo dejaron afuera irremediablemente. Esos días fueron desplazados. Hundidos. Exterminados. Asesinados por un sistema atroz que acabó con la alegría en el interior profundo de cada ser humano destrozado por la exclusión, en el país olvidado, en ese país en el que el empleo se destruyó como el cristal tras la pedrada. ¿De qué sirven las estadísticas y los anuncios de millones y millones de pesos para invertir en esto o en aquello, cuando gente, mucha gente, miles de gentes, que llenarían plazas y manifestaciones silenciosas de cuadras y cuadras no ve mejoría en nada? El obrero siente que le mienten. Que el país no es federal ni es justo ni es para todos. Que a él, por lo menos, suele darle vuelta la cara. Especialmente cuando sale por las mañanas recién amanecidas a buscar el mendrugo de pan. Él sabe que el alcalde miente, falsea. ¿De qué sirven los demagógicos llamados de Jaime Verdín a la unión (“para hacer de San Francisco un mejor lugar para vivir”), a tener confianza en las autoridades (“para que los directores dentro de sus áreas atiendan las necesidades de las comunidades”), si ya se sabe que a final de cuentas sus decisiones estarán basadas en los intereses de sus colaboradores y en los caprichos de sus cercanos amigos, familiares e incondicionales? El propio Verdín lo reconoció: “tal vez no se resuelvan todas las necesidades, pero nadie se va a quedar sin ser escuchado”, ¿y de qué sirve ser escuchado si no va a pasar de ahí? ¿Habrá quién le haga caso en sus motivaciones sobre la celebración de “200 años de libertad nacional”? ¿Y qué tal la capacitación a los gorilas de Seguridad Pública que, en busca del “Camino a la felicidad”, recibieron bonitas pláticas e ilustrativas exposiciones sobre cómo llegar a mejorar el trato con sus semejantes y sus familias, llegando algunos de ellos a “sensibilizarse” al grado que, al final del “curso terapéutico”, con lágrimas corriendo sobre sus rostros y en pleno moqueo, los jefes y sus subalternos terminaron dándose tremendos abrazotes y apachurrones los unos contra los otros? No pasó una semana después de que los jefes policiacos fueran motivados y sensibilizados, cuando el alcalde de plano echó a perder el show: “ante la ola de rumores (sic) de supuestos (sic) secuestros que han inquietado a varias familias, le pido a la población en general que tome sus propias precauciones de cuidado, que de la mano con Seguridad Pública, haga más difícil a los delincuentes llegar a agredir y dañar”. Y, como una muestra más de que el Contralor Municipal sigue en activismo no a favor de resolver las quejas y denuncias de la población, sino en darle apoyo a la actual administración municipal, es que ha tratado de llegar a cada rincón del municipio para acercarse a niños y jóvenes con el fin de llevarles las buenas noticias de que Jaime Verdín y sus secuaces sí están trabajando a favor de cada comunidad y del municipio en general, el problema es que no se nota. Nosotros creemos que vendrá un día en que los sueños crecerán al alba y se harán ciertos a mediodía. Esperaremos ese amanecer cada amanecer. Y el día en que suceda, miraremos al cielo, para ver llover la suerte y que les moje a todos, a todos, las manos de una vez.

(Basado en Amparo Lasheras, gara, 20/VIII/10; Laura M. López Murillo, argenpress, 24/VIII/10; Claudia Rafael, argenpress, 30/VIII/10; a.m., agosto 20 y 24, septiembre 5 y 11, 2010).

ESTATAL: El cuerpo en disputa

Cuesta creerlo, pero en pleno siglo XXI hay jóvenes que defienden con vehemencia la abstinencia sexual, la inequidad de género, el matrimonio perpetuo y heterosexual exclusivo, y que prefieren darle voz a los no nacidos, a seres en potencia. ¿Qué les habrá llevado a despreciar el sexo? ¿Qué amenazas ven ante el crecimiento del poder de las mujeres? ¿En qué les ofende que se ame una pareja de dos hombres o de dos mujeres? ¿Por qué inventarle deseos a personas inexistentes en vez de darle voz a sus propios deseos?

Mientras se realizaba la Conferencia Mundial de Juventud en la ciudad de León, grupos de jóvenes activistas de organizaciones de la sociedad civil informaban desde esa sede, que la derecha juvenil rompió las reglas del respeto y que actuaba con violencia ante quienes defendían sus derechos sexuales y reproductivos en ese encuentro.

Una pareja gay fue agredida verbal y físicamente por jóvenes católicos de las organizaciones de la Alianza Internacional de la Juventud y de Jóvenes Competitivos. También, robaron la propaganda de los grupos progresistas para evitar que se distribuyeran sus folletos. Se trata de agrupaciones que se declaran en contra de los tratados de derechos humanos y de las declaraciones de la ONU: “ONU, no te metas con mi familia, no te metas con mis niños”; un feto decía “Yo no le importo a la ONU”. Acusaron a las agencias intergubernamentales de “prefabricar” las conclusiones del foro, mientras repartían oraciones a Cristo, para los y las participantes.

La Red por los Derechos Sexuales y Reproductivos tuvo que exigir condiciones de seguridad para que las actividades que se desarrollaban en la Conferencia Mundial de Juventud se realizaran en un marco de respeto a la pluralidad de opiniones, y llegaron al grado de responsabilizar al gobierno federal, al gobierno de Guanajuato y al Instituto Mexicano de la Juventud por alguna agresión de cualquier índole a las y los participantes en esa conferencia.

En otro momento, aproximadamente 20 integrantes de la Coalición de Jóvenes por la Educación y la Salud Sexual (Cojess) y la Global Youth Coalition on HIV/Aids hicieron una manifestación silenciosa durante la visita de Margarita Zavala al Foro Interactivo Global. La esposa de Felipe Calderón fue increpada por activistas de México y el mundo, con pancartas que decían “Tengo derecho a decidir sobre mi cuerpo”; “Sí a la vida de las mujeres”; “Aborto seguro”, y “Take your rosary out of our ovaries”. Minutos antes de encontrarse con Zavala, los activistas se habían manifestado, también en silencio, afuera del Foro de Organizaciones No Gubernamentales, para impulsar el derecho a decidir de las mujeres entre los delegados que debatían la declaratoria final, la cual sería entregada al foro de gobiernos. Oriana López Uribe, de Balance Promoción para el Desarrollo y Juventud, expresó: “Nos importaría mucho que (Margarita Zavala) supiera la realidad de su país, y que vea qué puede hacer para que no sigan ocurriendo vejaciones de derechos a las mujeres mexicanas como está ocurriendo justamente en este estado, donde mujeres inocentes están encarceladas” (Notiese, 24/VIII/2010).

En el foro social paralelo a la conferencia, Perla Vázquez, de Elige, la Red de Jóvenes por los Derechos Sexuales y Reproductivos, informó de irregularidades muy preocupantes: jóvenes conservadores hostigaban y agredían a los delegados y les negaban la entrada. A un compañero le gritaron “maricón, mata niños” y aseguraron que no avalarían las conclusiones del foro porque lleva a la pérdida de valores y fomenta la homosexualidad y el aborto. Anunciaron su propio foro de jóvenes de la derecha, que fue avalado por el gobernador de Guanajuato. Estuvieron en las mesas tratando de obstaculizar las discusiones e impedir el avance de los trabajos. El lunes 23 de agosto por la tarde, intentaron pasar por feministas con el nombre de “Amistad Feminista” para robar paquetes de materiales en defensa de los derechos sexuales, boicotearon e impidieron la realización de talleres sobre derechos sexuales. Hicieron circular una versión apócrifa de la declaración de la conferencia donde se sustituyeron párrafos, para promover la cultura de la abstinencia sexual y fomentar la comunicación entre padres e hijos para evitar otras fuentes de “información dañinas”, reconocer el lado sensible de la mujer promoviendo la complementariedad entre hombres y mujeres. A pesar de lo anterior, se realizó la Marcha Mundial de las Juventudes que contó con más de 7 mil jóvenes y representó a la juventud que defiende sus derechos sexuales, aunque haya incomodado a las juventudes de derecha, a la esposa de Felipe Calderón, al gobernador de Guanajuato, al procurador de la República o a Juan Sandoval Íñiguez, entre otras de las figuras que están detrás de esta nueva generación con fobia al sexo.

(Texto de Gabriela Rodríguez, La Jornada, 27/VIII/10).

NACIONAL: El sexenio rojo

“Esquezofrenia”. En seguimiento de los arranques emocionales de su jefe, algunos miembros del ente cuasiclandestino autodenominado gabinete presidencial están saltando a los foros mediáticos con declaraciones regañonas y pendencieras. Ya antes había aparecido el secretario de educación gordillista, Alonso Lujambio, a quien el calderonismo encargó los negocios del festejo del bicentenario y el centenario y, en tal condición de controlador privado de asuntos públicos (una especie de “cadenero” de antro histórico), se permitió invitar a quienes no les guste el menú conmemorativo a que busquen alternativas, además de tachar a quienes no comparten los de por sí aguados, pero carísimos, ánimos burocráticos de festividad de ser parte del México “mezquino” y formar parte del bando de “la visión negra, oscura, inquietante en el extremo tal que nos impide, incluso, movernos”.

Lujambio habló con esa pasión nacionalista frente al embajador de Estados Unidos en México, Carlos Pascual, durante un acto con jóvenes en el que llamó, optimista y pinturero, a ir “subrayando lo que nos une y desenfatizando lo que nos divide” (si esa misma pasión de pandillerismo ideológico la hubiera puesto el secretario en la revisión ortográfica e histórica de los nuevos libros de texto, no estaríamos hoy ante vergonzosos ejemplos del mal escribir ni ante la supresión y distorsión de episodios históricos como el 2 de octubre, que acabó siendo una “manifestación que se reunió” y “fue reprimida” por seres desconocidos, pues se suprimieron las referencias al Ejército y a Gustavo Díaz Ordaz).

Espots y juramentos. A sus puros espots, Felipe Calderón ha violado la Constitución General de la República, según lo ha resuelto el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación. No habrá castigo, pues la legislación vigente no contempla la posibilidad de encausar al ocupante del Poder Ejecutivo más que por acusaciones extremas y no por debilidades de corte electoral. Lo mismo sucedió con Vicente Fox, quien abiertamente intervino en la sucesión presidencial de 2006, violentando preceptos legales pero sin consecuencias punitivas, pues los magistrados electorales que fungían en ese momento tampoco encontraron manera de sancionar al grave infractor público. Lo sucedido ahora con Calderón es un adelanto de lo que espera en 2012: la desesperación felipista lo llevó en meses pasados a hacer propaganda a su gobierno en temporada de veda electoral, con la fallida esperanza de aportar elementos de optimismo nacional pro panista antes de que los ciudadanos de varias entidades del país fueran a las urnas, y todo apunta a que esa desesperación creciente producirá una espiral de activismo ilegal cuando el actual huésped de Los Pinos sienta llegado el término de su impugnado periodo de ejercicio y el PRI vengativo se apreste a cerrar el par de sexenios trágicos del panismo en el poder.

Casi nada le duró al oficialismo el sentirse en los cuernos de la luna, a causa del oportuno triunfo de una mexicana en un torneo mundial de belleza. El descubrimiento de 72 cadáveres en un rancho tamaulipeco, inmigrantes, sometidos, indican las autoridades, por miembros del bando de los Zetas que los habrían ejecutado, es un episodio de brutalidad que sirve para confirmar a la opinión pública estadunidense la condición de Estado fallido de México, la incapacidad del ocupante de Los Pinos y los riesgos de violencia desbordada que están al otro lado de la frontera. La barbarie trasciende las fronteras, las cifras macabras de la guerra felipista toman tintes internacionales. Uf. El horror.

A como dé lugar. El empaque personal e institucional de Calderón está a prueba ante la peor tragedia de las muchísimas que ha generado su guerra desquiciada, y lo que hasta hoy se ve parece de muy poca monta. El jefe formal de un Estado que en Latinoamérica todavía se recuerda como poderoso confiesa ser incapaz hasta de guardar información básica peligrosa (aunque, en el caso de Ignacio Coronel, el sellamiento informativo fue marcial): “di la orden de que se cuidara la identidad del testigo, que no se reprodujeran imágenes del testigo, que mucho menos su nombre, y habrá que investigar por qué ocurre eso”, dijo al excusarse de que se hubieran revelado esos datos que ponen en riesgo mortal a un superviviente ecuatoriano como sucedió con familiares de un marino caído en el ataque a un jefe narco en Cuernavaca. Pero el muy sincero ocupante de Los Pinos se acogió a una fórmula de autobenevolencia: “Yo entiendo que hay una gran presión de los medios nacionales e internacionales”. Sergio Sarmiento, quien lo entrevistaba, precisó: “Pero nosotros presionamos, pero también se nos puede decir que no”, y el empequeñecido interlocutor le respondió: “Así es. Habrá que ver qué tan poderosos son los medios. La verdad es que no siempre se les puede decir que no”. Palabra de Felipe.

Papelazo. El contenido del informe de cuatro años de gobierno calderonista fue lo de menos, pues en San Lázaro el Congreso mexicano sesionó para dar un adelanto de las batallas campales por distintos botines que caracterizarán el último tercio del sexenio rojo. Apertura de trabajos legislativos tocada por el síndrome del calderonismo: la ilegalidad sustantiva y procesal, el atropellamiento de reglamentos, leyes y disposiciones constitucionales, la aprobación por mayoriteo de tretas y atajos para imponer acuerdos irregulares de cúpulas. Congreso silenciado por sí mismo –por los nuevos entendimientos de PAN y PRI en las cámaras, superados ya los malos entendidos electorales de las alianzas–. Silencio, obviamente, respecto a los temas delicados del México ensangrentado, empobrecido, amedrentado.

El México del teleprompter. Apenas unas horas duró el falso esplendor palaciego del informe en familia que Calderón se regaló el 2 de septiembre. El vuelo sideral de las palabras con que el licenciado FC delineaba los perfiles y contenidos de un supuesto México de grandes logros topó rápida y estrepitosamente con la realidad real, con el México que va más allá del teleprompter (el sistema electrónico que coloca en un cristal, frente al orador, o conductor de noticiarios, los textos que éste leerá). Horas matutinas de gloria felipista en la burbuja de elite protegida militarmente con la abundancia de costumbre. Dueño de la acotada circunstancia, cómodo en ese pequeño círculo del gran poder, Calderón desgranó números, datos, comparaciones y superlativos para robustecer la especie de que la nación va bien, incluso mejor que nunca (aunque no lo parezca). Al final de su recuento de éxitos, el licenciado Calderón se dejó llevar por la emoción e imprimió una fuerza oratoria notable a los pasajes en que habló de las gestas heroicas realizadas por otros mexicanos, de sus enseñanzas y de lo que esas hazañas significan en la traducción al derechismo vulgar.

Más allá de las vallas, las murallas y el teleprompter, despuntó de inmediato el horizonte de la descomposición acelerada que vive el país ajeno a los discursos de celebraciones huecas. Son muchos 25 muertos en un enfrentamiento con militares, pero peor es saber que los narcotraficantes tienen sus campamentos de entrenamiento en forma, convertidos en ejércitos irregulares con altísima capacidad de fuego: población, territorio y poder, el verdadero narcoestado. Ya la aritmética funeraria precisará si ese día hubo récord de matanza en el México del triunfalismo calderonista.

Contrainsurgencia. Que dice la siempre calculadora Hillary que en México y Centroamérica la amenaza de las redes del narcotráfico se transforma o hace causa común con lo que se podría considerar una “insurgencia”. Notabilísimo grado superior: ya no delincuencia, sino insurrección que Estados Unidos se siente llamado a combatir, sobre todo teniendo como referente lo sucedido con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia que al mismo tiempo o en distintos momentos llegaban a tener bajo su control hasta 40 por ciento del territorio de su país, según el preocupado diagnóstico de la jefa de la diplomacia mundial intrusiva.

Mala jugada declarativa de la mujer pegada a una sonrisa plástica, pues desnudó de golpe las sabidas, pero nunca antes confesas intenciones del belicismo calderónico, manejado desde el Pentágono, de usar la presunta guerra contra el narcotráfico como una operación apenas encubierta contra oposiciones e insurgencias. No es solamente la batalla armada contra un negocio de drogas, que muy bien podría seguir durmiendo el sueño de los injustos (pero bien apalabrados), como sucedió durante el jurásico priísta y podría seguir durante el kinderato panista, sino el emplazamiento de fuerzas represivas ante la inconformidad social acumulada, ante los anunciados brotes de violencia politizada a los que las efemérides de siglos convocarían, ante la oposición creciente que en el país se ha ido dando, y ni siquiera por estrictas razones electorales, partidistas o políticas, sino por la miseria extrema, por la desigualdad económica ofensiva, por la inviabilidad humana de decenas de millones de seres, por la condena en vida a una existencia sin esperanza, por la creación diaria de los ejércitos del resentimiento que hoy van explotando al amparo del nuevo poder que cree reivindicarse mediante la crueldad y la destrucción, en esta historia del abatimiento de la institucionalidad mexicana no por la vía de los caminos ortodoxos, en los que cabría incluso la guerrilla tradicional, sino por la irrupción salvaje de las hordas que mezclan el tráfico de drogas y otras formas delincuenciales con la revancha y el odio sociales.

Modestias aparte. El presidente mercadológico de Estados Unidos corrige lo que la secretaria de halconería ya soltó. El mismo mandatario que desde Washington se disfrazó de blanca palomita en el caso del “golpe blando” de Estado en Honduras ahora suaviza el porrazo dado por la funcionaria intervencionista, que por lo pronto ya asentó las tesis justificantes del mayor asomo correccional ante la nueva Colombia transfronteriza. El teatral Barack añade a la fórmula desinflamatoria unas gotitas de esencia de vanidad para que el destinatario mexicano las añada a su catálogo de modestias publicitables: “México es una democracia amplia y progresista, con una economía creciente”, razones estas por las cuales nomás no se le puede comparar con la Colombia de dos décadas atrás.

Carta con claves. El inseguro escenario de las celebraciones burocráticas de la Independencia nacional fue cargado el 13 de septiembre con un elemento más de turbiedad y elucubraciones cuando, con un inexplicado sentido de la oportunidad conmemorativa, fue actualizado el recuerdo de que uno de los más connotados miembros de la elite derechista nacional permanece secuestrado y que el desenlace del episodio puede ser fúnebre. Por la misma vía de correo electrónico utilizada cuando dieron a conocer su primer comunicado con fotografía del cautivo, los autodenominados Misteriosos Desaparecedores enviaron un nuevo texto que entre manejos verbales presuntamente ingeniosos o desparpajados pareciera filtrar una de dos posibilidades: que para hablar hoy del ex candidato presidencial panista debe utilizarse el tiempo pasado, o que mediante este artificio epistolar de Internet los secuestradores pretenden acelerar el pago de un rescate por parte de familiares y amigos del político queretano que, según la versión de los captores, lo habrían abandonado.

Lo único cierto es que nadie sabe, nadie supo, respecto a la situación actual del llamado jefe Diego, de las motivaciones de quienes lo secuestraron, y del momento y condiciones en que se dará el grito informativo del desenlace. Sólo es posible tomar nota de que hoy, en medio de la oscuridad y el temor, el caso del secuestro más impactante de México ha vuelto a ser actualizado, en un mensaje con claves políticas.

Grito secuestrado. Virtual, opaco, bajo amenaza, convertido en negocio, ajeno a su naturaleza combativa, limadas sus aristas insurgentes, dominado por la confusión y el miedo: Grito felipista ahogado, falso, secuestrado, carente de respaldo popular en cuanto a su ceremonial de elite aunque íntimamente pronunciado en tonos irritados por un pueblo dolido y angustiado.

Despilfarro de recursos en pos de una imposible modificación de juicios históricos. Felipe, el Bueno, regala al pueblo desfiles patrios y entretenimiento variado, tratando de dejar atrás la memoria de los cuatro años de horror económico y social. El 15, por la tarde, celebra la independencia nacional mediante montajes escenográficos asignados a una empresa extranjera que funde criterios de carnaval, Disneylandia y Desfiles de las Rosas para ofrecer en México un espectáculo colonizado (con el asomo de una escultura cuyo rostro sugerente de ciertos parecidos acabó siendo bautizada en Twitter como El NarColoso, por su semejanza con la imagen de Jesús Malverde, el presunto protector venerado por narcotraficantes, aunque otros opinantes creyeron ver en los rasgos de esa pieza a Vicente Fox, Vicente Fernández, José Stalin, Luis Donaldo Colosio y ciertos personajes de caricaturas internacionales). Luego, el 16, ese mismo monarca bondadoso muestra el músculo militar a un pueblo que paulatinamente ha ido cediendo espacios civiles a la fuerza de las armas (ironías delatoras: por primera vez marcha la Policía Federal en un desfile de militares que ahora fungen como policías; desfile para celebrar la Independencia en compañía de contingentes castrenses extranjeros entre los que están algunos de quienes han doblegado y mancillado a México, como los estadunidenses que se asoman al Palacio Nacional donde un siglo atrás impusieron su bandera).

(Tomado de Julio Hernández López, La Jornada, agosto 24, 26 y 27, septiembre 2, 3, 9, 10, 14, 15 y 17, 2010).