domingo, 21 de marzo de 2010

ANÁLISIS: ¿Manipulación científica del terremoto de Haití?

Por la red está circulando una teoría inquietante: El terremoto de Haití habría sido manipulado científicamente por un programa desarrollado por la Fuerza Aérea de Estados Unidos.

A simple vista suena como una “teoría conspirativa”, pero ateniéndonos a las investigaciones y verificaciones que existen sobre experimentos militares (sobre todo de Estados Unidos y de algunas potencias centrales) con armas, químicas y biológicas orientadas al exterminio masivo de seres humanos, la versión no parece tan descabellada.

El proyecto HAARP (del inglés High Frequency Active Auroral Research Program, Programa de Investigación de Aurora Activa de Alta Frecuencia) es una investigación financiada por la Fuerza Aérea de los Estados Unidos, la Marina y la Universidad de Alaska para “entender, simular y controlar los procesos ionosféricos que podrían cambiar el funcionamiento de las comunicaciones y sistemas de vigilancia”.

El HAARP (considerado, entre otras funciones, como una “máquina de crear terremotos”), es un calentador de la ionosfera, y actúa sobre ella como la antena más poderosa que jamás haya existido.

A pocas horas de la catástrofe, la agencia EFE divulgó un informe elaborado por la Flota Rusa del Norte señalando que el sismo que ha devastado a Haití fue el “claro resultado” de una prueba de la Marina de Estados Unidos por medio de una de sus “armas de terremotos”.

De acuerdo con el documento de la Armada Rusa (una potencia que cuenta con una versión del programa HAARP) a finales de la década de 1970, los Estados Unidos han “avanzado enormemente” el estado de sus armas de terremotos y, según estos informes, ahora emplea dispositivos que usan una tecnología de Pulso, Plasma y Sónico Electromagnético Tesla junto con “bombas de ondas de choque”.

El reporte concluye que es “más que probable” que la Marina norteamericana haya tenido “conocimiento total” del catastrófico daño que esta prueba de terremoto podría tener potencialmente sobre Haití y que había preposicionado a su Comandante Delegado del Comando del Sur, el General P.K. Keen, en la isla para supervisar las labores de ayuda si fuesen necesarias.

El programa HAARP se inició en 1993 para una serie de experimentos durante veinte años, y tiene un gran número de instrumentos de diagnóstico que se usan para mejorar el conocimiento científico de la dinámica ionosférica.

Actúa con el recientemente descubierto electro chorro, el cual se forma en los polos norte y sur del planeta, y se aprecia su efecto atmosférico con el fenómeno conocido como aurora boreal.

Teóricamente, HAARP podría modificar el clima del planeta, desviar los jet stream o corrientes a chorro de la alta atmósfera hacia donde se tenga interés, trabaja con ondas de alta y baja frecuencia, y es considerado por algunos expertos como un peligro para la existencia de la humanidad, debido al uso potencial como arma de “guerra climatológica”.

Se trata -dicen los que lo estudian- de un nuevo tipo de arma, capaz de intensificar tormentas, prolongar sequías, incluso crear terremotos sobre el territorio de un supuesto enemigo, sin que nadie advierta el peligro.

Los HAARP potencialmente tendrían también la capacidad, de desintegrar objetos, generar combustiones espontáneas e inducidas, e incluso cambiar patrones cerebrales, inducir conductas y producir enfermedades biológicas. Investigaciones sobre el proyecto HAARP han surgido desde universidades estadounidenses y centros europeos.

Con sus cientos de millones de vatios de potencia es considerado como un verdadero “calefactor” de la alta atmósfera, que puede actuar provocando una tremenda ionización que puede acarrear consecuencias imprevisibles, y que gracias a su efecto “espejo” podría dirigir sus efectos hacia cualquier zona del planeta.

En su resolución del 28 de enero de 1999 sobre medio ambiente, seguridad y política exterior (A4-0005/1999), el Parlamento Europeo señalaba que el programa HAARP manipulaba el medio ambiente con fines militares y solicitaba que HAARP, fuese objeto de una evaluación por parte de STOA (organismo encargado de calibrar opciones científicas y tecnológicas) en lo que se refería a sus repercusiones sobre el medio ambiente local y mundial y sobre la salud pública en general.

En esa misma resolución, el Parlamento Europeo, pedía que se celebrara un convenio internacional para la prohibición mundial de cualquier tipo de desarrollo y despliegue de armas que pudiesen permitir cualquier forma de manipulación de seres humanos.

Las guerras ocultas. ¿Fue manipulado científicamente el terremoto de Haití? La versión no parece tan descabellada. Que el Pentágono investigue y desarrolle un sistema que puede generar violentos e inesperados cambios en el clima, incluido un terremoto como el de Haití o un tsunami como el de Asia, más que un asunto conspirativo podría ser parte de una realidad estudiada y expresada en diversos informes de especialistas “silenciados” por la prensa oficial.

Hay un cúmulo de trabajos investigativos (esparcidos en la red y silenciados por la prensa del sistema) que demuestran, por ejemplo, que los virus patógenos y las pandemias son inicialmente estudiados para su utilización en posibles operaciones de exterminio en masa, con la finalidad de controlar y manipular socialmente determinadas poblaciones.

Bajo el argumento de “prevenir ataques enemigos” con armas químicas o biológicas, el Pentágono ha diseñado -desde el siglo pasado hasta aquí- diferentes programas de investigación y experimentación con virus inyectados primero en organismos animales, y luego lanzados contra organismos humanos.

El investigador y profesor canadiense Michel Chossudovsky, en su artículo titulado “Guerra climática: Atención a los experimentos militares de Estados Unidos”, publicado en el sitio web The Ecologist (ver traducción: http://www.lahaine.org/index.php?p=26488 ), señala que “El HAARP es un arma de destrucción masiva, capaz de desestabilizar los sistemas agrícolas y ecológicos en todo el globo”.

Afirma que Estados Unidos ha desarrollado experimentos similares desde 1940, y que durante la guerra de Vietnam se hicieron prácticas de bombardeo de nubes, con el fin de prolongar la estación del monzón (temporada de lluvias) y bloquear las rutas de suministro de sus enemigos a lo largo del corredor Ho Chi Minh.

De acuerdo con el investigador, “La tecnología, que está siendo perfeccionada bajo el HAARP, apunta a lo impensable: la manipulación encubierta de modelos climáticos, comunicaciones y sistemas de energía eléctrica como un arma de la guerra global, dándole la capacidad a Estados Unidos para desestabilizar y dominar regiones enteras”.

Según Chossudovsky, “La manipulación climática es el arma preventiva por excelencia. Puede ser dirigida contra países enemigos o ‘naciones amigas’ sin su conocimiento, utilizada para desestabilizar economías, ecosistemas y agricultura. También puede provocar el caos en los mercados financieros y de materias primas. La alteración en la agricultura causa una mayor dependencia de la ayuda alimentaria y de productos de granos importados de Estados Unidos y de otros países occidentales”.

La teoría de Chossudovsky sobre la guerra climática, tiene un correlativo con la aparición cíclica de pandemias detonadas por la inseminación de virus patógenos en poblaciones civiles, se genera una campaña simultánea de “terror mediático” (con pánico e incertidumbre social) ejecutada por las grandes cadenas informativas internacionales, la que activa a su vez una demanda comercial masiva de recursos y medicamentos para enfrentar la emergencia sanitaria, que moviliza paralelamente un multimillonario negocio capitalista a escala global.

Cabe recordar que a la feroz manipulación mediática global con el “terror pandémico” de la reciente gripe porcina (A-H1N1), se agregan cada vez más, preguntas e hipótesis sobre el origen y posible utilización económica o política del virus patógeno, que van desde la lógica y el sentido común hasta teorías conspirativas de la más variada especie y procedencia.

En este caso, se ha hablado, incluso, de distintas operaciones de “aprovechamiento” político y militar del virus, cuyos objetivos van desde una “cortina de humo” para distraer la atención de la actual crisis global, hasta una estrategia para crear un “11-S biológico” que justificara nuevas invasiones y “guerras antiterroristas”, un plan capitalista “maltusiano” para reducir la población pobre “sobrante”, o una maniobra comercial de los grandes laboratorios para generar demanda masiva de medicamentos y vacunas preventivas.

Una crisis pandémica, una crisis económica, una catástrofe natural o una guerra movilizan multimillonarios recursos financieros para enfrentarla.

En ese escenario, la guerra climática, la guerra biológica o la guerra química son parte indivisible de la guerra militar para conquistar países y poblaciones. Todas a su vez, se sintetizan en la guerra psicológica para manipular la mente humana con fines del control político y social sin el uso de las armas (Guerra de Cuarta Generación).

La guerra biológica por medio de agentes genéticos orientados al exterminio masivo de poblaciones es un soporte activo de la guerra militar y de la guerra psicológica. Cuando está al servicio de la guerra psicológica, la guerra biológica se convierte en bioterrorismo, y cuando sirve a la guerra militar se convierte en operación de exterminio con uso de agentes biológicos.

Como primer objetivo central, las “guerras silenciosas” de exterminio poblacional por medio de agentes biológicos o químicos se originan dentro de los planes y estrategias del Pentágono para preservar la seguridad de Estados Unidos, la potencia regente y dominante del sistema capitalista a escala global.

Como segundo objetivo central, todo lo que se destruye hay que “reconstruir”, y todo lo que enferma hay que “curar”, es la máxima que sigue siempre el sistema capitalista para arrancar rentabilidad tanto de las crisis económicas, como de las catástrofes, las epidemias y las guerras.

En este escenario, ¿puede sorprender la posibilidad de que el terremoto de Haití haya salido de los laboratorios militares de Pentágono?

(Texto de Manuel Freytas, la haine, 21/I/10).

(Texto de Emir Sader, página 12, 20/I/10).

ANÁLISIS: El Berlusconi chileno

De tanto creerse un país de la OCDE, distanciado de América latina, el “tigre latinoamericano”, Chile, hizo ganador a un Berlusconi. Ese es el molde de Sebastián Piñera, quien fue electo presidente de Chile posibilitando la vuelta de la derecha al gobierno –luego de tener ocupado el poder por la fuerza durante la dictadura militar de 1973 a 1990–.

Después de que la dictadura representara los intereses de la derecha y de los Estados Unidos en la región, el neoliberalismo proyectó otro tipo de líder de la derecha: un empresario supuestamente buen sucesor. Roberto Campos, entre otros, ya decía que el Estado y las empresas estatales deberían funcionar con el mismo criterio de las privadas: en busca de una chequera o el criterio de costo-beneficio, de la competitividad. Las empresas estatales deficitarias deberían ser cerradas o privatizadas –junto con las rentables también, ya que no competiría el Estado en esa función–.

Berlusconi fue electo y reelecto entre otras imágenes por la siguiente: un empresario rico y supuestamente buen sucesor para Italia. “Si es bueno para dirigir sus empresas, es bueno para dirigir el país” conforme a la prescripción liberal. “Va a pasar en limpio al Estado”, “Va a cortar los gastos inútiles” (esto es, los que no son rentables económicamente). Si el Estado funciona conforme al costo-beneficio significa cortar los recursos para las políticas sociales, el pago a los funcionarios públicos, la inversión en infraestructura. De ahí a la venta del Estado, a las privatizaciones, a la mercantilización de las relaciones laborales. El empresario exitoso en el mercado sería el mejor agente que “pase en limpio” al Estado.

En Chile, Piñera no esconde sus afinidades con el presidente colombiano Uribe, con quien tratará de concretar dos objetivos: aislar a Ecuador y presentar a Chile junto a Perú como polo ortodoxo neoliberal, intensificando las relaciones de libre comercio con Estados Unidos. Mal sabe él que los tiempos del auge del neoliberalismo quedaron atrás, que aventurarse por ese camino es dejar a la economía chilena más vulnerable ante los efectos continuos de crisis internacional, aun para un país que tiene un TLC con Estados Unidos.

La derrota es mucho más dolorosa para el pueblo chileno. Incluso si no ubicáramos a los gobiernos de la Concertación en el bloque progresista en la región –porque privilegiaron un Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y mantuvieron una política económica ortodoxa– toda la izquierda salió perdedora. Porque, a pesar de las debilidades de los gobiernos de la Concertación –reflejadas ahora en el voto mayoritario a la derecha, que incorporó a amplios sectores populares– la izquierda no supo construir en las dos décadas de democracia una alternativa antineoliberal en Chile. El pueblo chileno pagará caro ese error de la izquierda, que ahora tiene, al menos, la posibilidad de cuestionar el modelo heredado del pinochetismo.

Los momentos de balance de las derrotas como ésta se prestan para las divisiones, para los oportunismos, para los radicalismos verbales. La izquierda chilena puede mirar a América latina para ver distintas expresiones de gobiernos populares y de bloques sociales y políticos que llevan a cabo esos gobiernos, como referencia, para que Chile vuelva a asumir ese lugar en el proceso de integración regional y de construcción de alternativas efectivamente de izquierda, en las arenas de Allende, Neruda y Miguel Enríquez.

OPINIÓN: Extraño caso: la Dra. Beatriz y la Sra. Paredes

Como en la famosa novela de Robert Louis Stevenson, El extraño caso del Dr. Jekyll y el Sr. Hyde, Beatriz Paredes parece ser víctima del desorden de personalidad múltiple. Un día pronuncia palabras progresistas, y al siguiente asume conductas conservadoras. Un día se presenta como mujer de avanzada, y al otro defiende las posturas más retrógradas. Debajo del huipil hay una mujer rota, desarticulada, contradictoria. Una Beatriz audaz que enarbola las mejores causas y otra Beatriz atávica que las sabotea. Alguien que, si se colocara sobre un diván psiquiátrico, sería diagnosticada con ese mal caracterizado por la coexistencia –en un solo cuerpo– de identidades distintas que se pelean entre sí. Es como si dentro de la lideresa del PRI hubiera dos o más personalidades en contienda perpetua. Y el pleito produce una persona incapaz de mantener posiciones coherentes, confiables o siquiera inteligibles.

Allí está la Beatriz Feminista que defiende el derecho de las mujeres a decidir, pero comparte el huipil con la Beatriz Claudicadora que está dispuesta a sacrificarlo en 17 estados donde el PRI apoya la penalización del aborto. Allí está la Beatriz Juarista que defiende la separación Estado-Iglesia, pero cohabita con la Beatriz Electorera que está dispuesta a minar esa línea divisoria si de conseguir votos se trata. Allí está la Beatriz Demócrata que dice apoyar la competencia, pero vive lado a lado con la Beatriz Autoritaria que quiere frenarla cuando entraña alianzas electorales contra el PRI. Allí está la Beatriz Progresista que se jacta de defender las mejores causas, pero tiene la trenza entrelazada con una Beatriz Acomodaticia encargada de archivarlas cuando implican costos políticos.

Durante el siglo XIX, se pensaba que las personas que exhibían síntomas de lo que hoy se llama “desorden de identidad disociativa” estaban poseídas. Se creía que algún demonio les susurraba en el oído, obligándolas a actuar en contra de su voluntad. Al escuchar a Beatriz Paredes, se antoja argumentar algo similar. Sólo así podrían explicarse la conducta errática, las fobias inexplicables, el enojo incontenible, la bipolaridad política, las contradicciones evidentes, las alucinaciones de las cuales se ha vuelto presa la presidenta del PRI. Va por la vida promoviendo posiciones de izquierda en unos temas y de derecha en otros. Defendiendo principios que luego no tiene el menor rubor en traicionar. Enarbolando el discurso del nacionalismo revolucionario mientras toma decisiones que llevarían a los ganadores de la Revolución a revolcarse en la tumba.

Beatriz Paredes habla de “nuestra realidad hiperpresidencialista”, cuando la presidencia imperial ha sido reemplazada por la presidencia acorralada. Habla de la necesidad de “controles y fiscalización” a nivel local, cuando en la última negociación presupuestal su partido los rechazó. Habla de la necesidad de fomentar “la transparencia en el manejo de los recursos públicos”, cuando los estados controlados por el PRI son hoyos negros de opacidad. Habla de la “influencia creciente de los poderes fácticos”, cuando el precandidato presidencial del PRI ya se ha encamado con ellos. Habla de acrecentar los derechos ciudadanos, al mismo tiempo que se opone a las candidaturas independientes. Critica “la propaganda como subterfugio para la manipulación social”, cuando Enrique Peña Nieto la usa con ese objetivo. Argumenta que los estados democráticos “son laicos”, cuando ella misma ha contribuido a poner en jaque la laicidad en México.

Una sola mujer con tantas corrientes internas, con tantas vidas variopintas percibiendo e interactuando con la realidad. Pero no es que a Beatriz la muevan fuerzas del más allá, el mal que padece es congénito; es parte de la herencia priísta y afecta a todos sus miembros en mayor o menor medida. Los desórdenes mentales disociativos siempre están acompañados por la amnesia, la pérdida selectiva de memoria, la incapacidad para recordar lo dicho, lo hecho, lo prometido, lo incumplido. Y según los expertos, la personalidad múltiple es causada por antecedentes traumáticos. En el caso de Beatriz Paredes, es la historia misma del PRI en México y la marca que ha dejado tras de sí: 71 años de caciques y cotos y corrupción que ella es incapaz de reconocer, incapaz de procesar, incapaz de enfrentar; 71 años de gobierno como distribución del botín, que la transición no ha logrado cambiar.

No sorprende entonces que Beatriz Paredes parezca esquizofrénica; lo es. Tanto o más que su propio partido. Tiene que serlo para seguir formando parte de una camarilla que dice fomentar la modernización pero ha hecho todo lo posible para obstaculizarla. Tiene que mantener la dualidad para pertenecer a una organización que se vanagloria de las instituciones que creó, al mismo tiempo que se dedicó a prostituirlas.

Beatriz Paredes y el PRI que encabeza tratan de ocultar el lado oscuro de su naturaleza. Buscan disfrazar a la bestia que llevan dentro. Cuando Beatriz declara que “no se vale usar los programas sociales para el chantaje electoral” –una práctica que su partido instituyó–, no queda más remedio que declararla esquizofrénica.

(Texto de Denise Dresser, proceso.com, 2/II/10).

domingo, 21 de febrero de 2010

PORTADA

EDITORIAL: Feliz 2010

Feliz Año Nuevo a los artesanos de utopías, cuyas manos callosas desentierran girasoles de los pantanos de la ambigüedad; a las mujeres buscadoras de afectos recónditos, divas milagrosas del bien-amar gratuito; a los niños sobrevivientes en los corazones de todas las edades; y a los guardianes de silencios meditativos.

Feliz Año Nuevo a los magos de la delicadeza y a los que tejen lazos de cintas con las líneas del tiempo; a los auscultadores del rumor de ángeles y a los portadores de altivez luminosa montados en caballos de fuego.

Feliz Año Nuevo a los peregrinos de caminos desprovistos de oscuridad; a los buscadores de conchas en las playas solariegas de la saciedad ética; a los desatadores de nosotros en los pliegues del espíritu; a los heraldos de buenas nuevas y a los espantadores del infortunio.

Feliz Año Nuevo a quien se asoma a la ventana del alma para contemplar su propio amanecer; a los navegantes cuyas velas se mueven gracias al soplo del Espíritu; a los sembradores de horizontes translúcidos; a las bordadoras de ternura en el suelo pedregoso de nuestras desventuras.

Feliz Año Nuevo a los acampados en el vasto territorio de la insensatez, rehenes de egos inflados; a los acróbatas de extravagantes conjeturas, esclavos de sus altisonantes ilusiones; a los autores de la incongruencia cívica, inveterados jugadores del escarnio.

Feliz Año Nuevo a los corazones seducidos por el toque del amor divino; a los voluntarios de la generosidad, indicadores de caminos en las vías laberínticas de nuestros desaciertos; a los profetas inflexibles a la embriaguez de la rutina, intrépidos cultivadores de la esperanza.

Feliz Año Nuevo a los confiteros de dulces anuncios entre tantas desilusiones; a los artistas de la sobriedad, ajenos a las luces llamativas de la hipocresía; a los orfebres de la belleza preñada de densidad subjetiva; a los maestros de la sabiduría impelidos por la brisa suave impregnada de sabor a miel.

Feliz Año Nuevo a los filósofos desalfabetizados de erudición, atentos a los vuelos de la inteligencia para trascender la razón; a los adeptos a la mística vacía de imágenes y palabras; a los gitanos de Dios cuyos pasos recorren las sendas mistéricas de la amorosidad inefable.

Feliz Año Nuevo a quien se niega a proferir el discurso ácido de la designificación del otro; a los habitantes de aldeas líricas, en cuyo amanecer suenan cantos compasivos; a los eremitas del desconsuelo, alimentados por el Verbo que se hace carne; a los hábiles alpinistas de la imaginación, en cuyas artes la vida se transmuta en alegorías.

Feliz Año Nuevo a los cazadores de confidencias, atentos a los detalles de la gentileza; a los orfebres de la elegancia, cuyas palabras exhalan fragancias perfumadas; a los centinelas del asombro, agraciados por el don de identificar la vida como milagro; a los artífices de la fantasía, transustanciadores de nuestras emociones más telúricas.

Feliz Año Nuevo a quien calla los despropósitos ajenos, incapaz de transformar la propia lengua en piedra de tropiezo; a los navegantes de devaneos románticos, embriagados de poesía; y a los arquitectos del futuro, dedicados al proyecto de la ceremonia nupcial de la libertad con la justicia.

Feliz Año Nuevo a los artistas de la insensatez capaces de imprimir a la vida carácter lúdico; a los aplicados caballeros de la filosofía de la risa, de los cuales emana el júbilo de vivir; y a los acongojados encendedores de luminarias, discípulos indignados de Diógenes.

Feliz Año Nuevo a quien trasiega a despecho de los pusilánimes, entregado a la osadía de reinventar la existencia después de cada fracaso; y al guardia del farol en pleno mar revuelto, cuyo haz de luz abre vías doradas en la superficie de las aguas; y a las mujeres de corazones acunados por la preferencia de Cupido.

Feliz Año Nuevo a los ojos vigilantes al ocaso ambiental, en los que las lágrimas serán resecadas por el hollín de chimeneas lucrativas; a los desenjauladores de pájaros, intrépidos pilotos de vuelos alucinados; y a los serviciales de la gratitud, militantes del altruismo compasivo.

Feliz Año Nuevo a quien tuvo un año infeliz, herido por dolores y lágrimas, empantanado por desesperanzas y sendas oscuras: ojalá que ahora pueda rescatar lo mejor de sí, religarse al Trascendente y hacer del amor la razón de su renacer a la vida.

(Texto de Frei Betto, rebelión, 5/I/10).

EDITORIAL: Final de década

En algún lugar cíclico, donde el tiempo se desplaza en saltos excéntricos, la historia se compendia en rangos decimales y la memoria se fragmenta en periodos y épocas; por eso, en este comienzo de 2010, último año de la primera década del siglo XXI, se agudiza el afán retrospectivo y es inevitable recapitular... La memoria colectiva se configura con los eventos que repercuten en la vida de los individuos, porque alteran el estilo de vida o el orden de las ideas, porque provocan reacciones y actitudes generalizadas, porque conmueven o indignan, porque inciden en la visión del mundo. Y en el compendio de la historia y en el registro de la memoria colectiva, influye la concepción decimal del tiempo. La vida sobre el planeta se estudia por siglos y milenios, las crónicas pormenorizadas se ajustan al rango de las décadas. Y justamente ahora, en este inicio de año, abundan los recuentos y las retrospectivas; pero detrás de las cifras y de los nombres, en la línea impronunciada de una nota informativa, yace el elemento que desencadena la reflexión. La década de los dos miles trascenderá a la posteridad como un periodo de profundización de una crisis que produjo millones de desempleados, que incrementó alarmantemente el índice de la desesperanza, con sus muertos y decapitados, con sus mujeres violentadas y la juventud abandonada a su suerte. Contrastes grotescos, el regreso de los fundamentalismos religiosos y una soledad expansiva son algunos de los rasgos que han caracterizado a esta década. En una de las paradojas de la posmodernidad, las redes globales de comunicación han propiciado el aislamiento y entorpecido el contacto entre los individuos; la realidad se digitaliza y la vida se desvirtúa ante un monitor. Al leer el mensaje subyacente en las cifras, se identifican los excesos y los contrastes que alcanzaron niveles infamantes: la combinación de la crisis económica y la alimentaria ha elevado la cifra de víctimas del hambre en el mundo a niveles históricos: mil millones de personas sufren hambre crónica; pero en las antípodas del desamparo, otros mil millones de individuos con sobrepeso conforman la epidemia de la globesidad, que ha reducido las expectativas de vida. Y al margen de los extremos, en la tangente del hambre y la obesidad, en un entorno indiferente y materializante, la anorexia, la bulimia, la vigorexia y la ebriorexia destrozan la salud y la integridad de millones de personas obsesionadas con un concepto inhumano de belleza. En pleno siglo XXI se actualizó el instinto legendario del troglodita: la necesidad de dominio, sobre el entorno, sobre los recursos y los congéneres, desencadenó las guerras del fundamentalismo. Irak, Afganistán, Paquistán y el conflicto Palestina-Israel polarizaron al planeta, confrontaron dogmas y despedazaron la vida de millones de personas. Ocho años de ocupación estadunidense en Irak exacerbaron las diferencias hemisféricas y resucitaron las convicciones nacionalistas en las regiones invadidas. Y en un entorno cambiante, se desmoronan sistemas de vida y emergen nuevos modelos e identidades; la migración por motivos de trabajo, la generalización de los divorcios, condiciones laborales demandantes, las inclinaciones afectivas alternativas, propician el surgimiento de hogares diferentes. Y ahora, como siempre, la historia se escribe con avances y retrocesos, el devenir se configura con luces y sombras, y en el porvenir aguardan ideales y obsesiones. La única constante en todas las décadas, los siglos y los milenios, ha sido la imperiosa necesidad de vencer el miserable miedo a vivir. Por eso, la humanidad se reinventa de cuando en cuando, ejerciendo uno de sus atributos inalienables: la asombrosa facultad para olvidar y la prodigiosa determinación para empezar de nuevo… A todo aquel que lea estas líneas por costumbre, por lealtad o mera casualidad, motivado por la curiosidad o la afinidad: le agradecemos su invaluable intervención en este diálogo ubicuo y asincrónico, porque su mirada le confiere sentido a estas líneas y le concede un significado a nuestra existencia.

(Texto de Laura M. López Murillo, argenpress, 29/XII/09).

EDITORIAL: Brasil como contraste

El presidente brasileño, Luiz Inacio Lula da Silva, estableció el pasado 23 de diciembre un aumento de 10% a los salarios mínimos, lo que significará, un incremento real –ya descontada la inflación anual– de 5.5% en el poder adquisitivo de los ingresos de los trabajadores. Desde 2003, cuando Lula inició su primer periodo en la presidencia, el indicador salarial brasileño ha acumulado un incremento de 53.4% en términos reales, y ello no sólo contribuye a explicar la enorme popularidad de que goza el mandatario de origen obrero sino que, mucho más importante, permite entender la solidez de la economía del mayor país de América Latina. En efecto, el aumento del poder adquisitivo del salario ha dotado a Brasil de un mercado interno consolidado que permite el crecimiento sostenido de los ramos agrícolas, industriales y de servicios y que ha hecho posible que la crisis económica mundial haya sido, en esa nación austral, mucho menos lesiva que en otros países. De hecho, con todo y los quebrantos financieros globales registrados en el año 2009, la economía de Brasil registrará números positivos, y cerrará el periodo con un crecimiento de más de 2% del producto interno bruto (PIB).

En todos estos terrenos –salarios, mercados internos, crisis económica y variaciones del PIB– es insoslayable la comparación entre Brasil y nuestro país. De 2003 a la fecha, en México los salarios mínimos se han incrementado de manera nominal 20.4%, pero si se les compara con la inflación de ese periodo –la segunda mitad del sexenio de Vicente Fox y la primera de la administración calderonista– han perdido, en términos reales, cerca de 10% de su capacidad adquisitiva, en lo que no es sino el tramo más reciente de una sistemática y deliberada devaluación del trabajo, estipulada por el programa neoliberal vigente desde 1988 –o desde 1982, según otros criterios– hasta nuestros días.

Ese designio de castigar los salarios para facilitar la concentración de riqueza en unas cuantas manos no sólo ha resultado catastrófico para los trabajadores, sino también para la economía en su conjunto, toda vez que se ha impedido, de esa forma, el crecimiento de un mercado interno capaz de sustentar las actividades productivas. A la postre, la obsesión neoliberal y antinacional de los gobernantes –atraer inversiones extranjeras, elevar las exportaciones a costa del bienestar de la población, someter al país al arbitrio de toda suerte de agentes externos– ha impreso en el quehacer económico un rumbo de colapso. Ello puede apreciarse en la total indefensión de México ante los embates de la recesión mundial y sus consecuencias, mucho más catastróficas y duraderas aquí que en el resto de las naciones del continente.

El gobierno de Lula no podría ser calificado como socialista ni como radical. Por el contrario, desde diversos ámbitos de izquierda se ha criticado al mandatario brasileño por haber abandonado los postulados ideológicos de su origen sindicalista, por haber dado la espalda, tras su llegada al poder, a movimientos sociales de base que lo respaldaron en su carrera política, y hasta por haber hecho suyas algunas premisas de la ortodoxia neoliberal. Lo que nadie, ni desde la izquierda ni desde la derecha, ha negado a Lula, es una gran visión de Estado. Como corolario de estas reflexiones puede apuntarse que no es preciso sostener posturas progresistas en lo social y en lo económico para comprender lo importante que resulta el mantenimiento y la mejoría de los niveles salariales; bastaría, para compartir ese criterio y esa praxis gubernamental, con anteponer el interés del país al de un pequeño grupo de potentados nacionales y extranjeros.

(Editorial, La Jornada, 24/XII/09).