miércoles, 27 de julio de 2011

ESTATAL: Taladores criminales

En León, en las administraciones panistas de Vicente Guerrero Reynoso (2006-2009) y la actual (2009-2012) de Ricardo Sheffield Padilla fueron derribados sin justificación más de mil 190 árboles de entre 20 y 120 años, agravando el déficit de masa forestal, denunció una asociación ecologista. De acuerdo al reglamento de Parques y Jardines de esa localidad, por los mil 190 árboles talados, el gobierno de León sería merecedor a una multa superior a los 16 millones de pesos.

En la vialidad de Torres Landa se tumbaron 421 árboles con 40 años, en el Morelos 123 árboles con 120 años, en el Bulevar Delta 180 de 80 años, en el San Juan Bosco fueron talados 300 árboles de 50 años y en el eje principal, Adolfo López Mateos, en su tramo de la zona centro, fueron derribados 68 ficus, entre otros.

Las estaciones climatológicas en el estado de Guanajuato reportan que León alcanzó temperaturas de 40 grados centígrados; las más altas en los últimos 28 años, convirtiéndose en uno de los municipios más calurosos del país. El Sistema Nacional de investigadores de Conacyt, sostuvo que la eliminación de árboles en León es un factor que contribuye al incremento de la temperatura: “Los árboles son vitales para poder suavizar las temperaturas, la energía solar se absorbe por la masa verde para el proceso de la fotosíntesis, con esto ellos –los árboles– bajan la temperatura. Los árboles son necesarios para suavizar las temperaturas en una urbe”.

El director de Medio Ambiente Sustentable, José López Araiza Alday, reviró: “No podemos achacar que las temperaturas que hay en León son porque se quitaron los árboles del López Materos, es una cuestión climatológica a nivel mundial, León no tiene más temperatura por falta de árboles, hemos plantado ya más de 200 mil árboles”. Explicó que el gobierno municipal taló 68 ficus del Adolfo López Mateos para hacer un “cambio de imagen” para que las banquetas sean más planas, pero cuidando el medio ambiente porque por cada especie retirada se plantaron 15 más. Además, “en el nuevo proyecto incluyen la plantación de diversas especies de plantas y encinos del tipo siempre verde que tiene mejor imagen urbana”.

(Tomado de La Jornada, 29/V/11).

NACIONAL: Golpes electorales

Sacerdotes de la metralleta. Una revelación surcó la planicie poblada de uniformes oscuros, rostros fieros y armas bien dispuestas: el mesías policial hizo saber a los suyos, a su entraña y proyecto, que deberían continuar con su sacra misión depuradora, arrancando la cizaña de los sembradíos (aunque produzcan daños colaterales, horror e injusticia en el trigal social), combatiendo al invasor narcomonstruo de mil cabezas e impidiendo que viejos vicios ya casi tatuados en las corporaciones con charola siguiesen corroyéndolos, predestinados esos agentes salvíficos a convertirse en sacerdotes cívicos, en oficiantes con pasamontañas y chaleco blindado, en pastores de la metralleta, en ministros de la patrulla, en la magna obra del sexenio de las balas, en el Opus Bang.

De los shots de tequila a la policía sacerdotal: San Felipe de Genaro vive en otra realidad y pretende incorporar a todos los mexicanos a esa alta experimentación. Reacciona, como se ve cada vez con más frecuencia, con una encendida pasión inversamente proporcional a lo que sus presuntos gobernados le plantean. Si enarbolan la exigencia de No Más Sangre y si las plazas y las carreteras se pueblan de ciudadanos que desean frenar la locura bélica actual, el adverso comandante se esmera en organizarse desfiles militares y concentraciones de agentes y en decretar días de homenaje a policías. Ya en el atril, se estremece al defender sus tesis de guerra y se deja llevar por aires de misticismo calibre 0.56 hasta levitar conceptualmente y producir esas gotas de delicado perfume santificador de pólvoras al encaminar a sus ejércitos de rifles humeantes al cumplimiento de proféticas tareas de sacerdocio cívico: ya no habrá pocito sino pila de agua bendita, las extorsiones serán consideradas como limosnas, las salas de tortura se convertirán en confesionarios, las mansiones y fortunas de los grandísimos jefes serán explicadas a partir del milagro de la multiplicación de los pesos y los PANes, la sangre derramada será reclasificada para quedar entendida como vino y muchas otras transformaciones profundas sucederán, como el dos de junio se dijo en intensa sesión de tuiteos de humor negro de la que se ha surtido este breve recuento y en la que participó este capellán de la Iglesia de la Última Astilla de la Cruz Restaurada.

Y los signos celestiales no tardaron en aparecer: desde las alturas del episcopado mexicano, el obispo Carlos Aguiar Retes confirmó el sentido de sacrificio que conlleva la misión felipense. Presidente de la conferencia de obispos mexicanos, reunidos en Cuautitlán Izcalli, donde tuvieron ocasión de saludar y dialogar con un copete que les es ideológicamente cercano, Aguiar Retes calificó de encomiable lo que ha hecho Calderón en contra del narcotráfico y justificó la sangre derramada en cuanto era indispensable, no sólo porque el comandante Felipe ya lo había advertido luego de las elecciones de 2006, en el tramo en que se presentaba como presidente electo, sino, además, o sobre todo, porque el problema heredado tenía que afrontarlo, tenía que costar sangre (...) no nos gusta, todos lo lamentamos pero es indispensable, si no, díganme ustedes, ¿cómo se enfrenta a una delincuencia organizada? Vaya. Calderón quiere policías convertidos en sacerdotes y Aguiar Retes transforma la función eclesiástica en justificante policiaco.

Hanquinazo electoral. Felipe ha jalado el gatillo electoral contra el PRI. Lo ha hecho contra un personaje éticamente indefendible y jurídicamente muy vulnerable, pero no por afanes justicieros genuinos sino por cálculos electorales, pretendiendo confirmar así a los votantes del mes entrante (en comicios estatales) y del año venidero (los federales, que incluyen la Presidencia de la República) que los priístas están relacionados consustancialmente con la corrupción y los negocios sucios y, por tanto, deben ser rechazados y castigados a cualquier costo. Tan cantado estaba el golpe contra un distinguido priísta que llama la atención que no haya sido contra un ex gobernador reciente (y vaya que sobran aspirantes a la cárcel), sino contra alguien que no ha alcanzado ese nivel de mando, aunque lo intentó hace unos años y estaba en pleno camino de construcción hacia su segundo intento (apuntalado, entre otros hechos, por el arribo a la primera división profesional de su equipo de futbol, los Xoloitzcuintles).

Aberraciones ópticas. La conocida impericia política de Felipe Calderón y los gatos salvajes que le rasguñan la panza electoral han producido una aberrante ilusión óptica: Jorge Hank Rhon, hombre de casinos con prolongado olor a mafia, grosero emblema de la transmutación priísta de riqueza pública en privada, se ha convertido hoy en una impensada pieza de denuncia de los abusos cometidos por la administración militar felipista contra sus adversarios políticos, en un lance que los atrincherados de Los Pinos pretendieron etiquetar como el arranque de una guerra de alto nivel contra el dinosaurismo encopetado, pero que acabó como una tragicómica pataleta de madrugada que solamente enturbia el panorama político y electoral, sin aportar aires de justicia, ni percepción de legalidad triunfante, ni victoria moral alguna, sino simple pleito callejonero por el poder.

Otro golpe electoral. El gobernador de Chiapas ha cerrado el improbable camino de retorno electoral de su antecesor, Pablo Salazar Mendiguchía, mediante un golpe judicial politizado que, al igual que en el norte del país, en Tijuana, deja la sensación de que se ha abierto una temporada de cacería en la que las armas y las leyes están siendo utilizadas retorcidamente para amagar o castigar a personajes que ciertamente han hecho suficientes méritos para ser sujetos a procesos penales pero que hoy más bien están siendo aprovechados desde los poderes constituidos para consolidación de éstos o para estrategias comiciales no sólo aventuradas, sino peligrosamente pervertidas.

(A Salazar) largamente se le acusó de apropiarse de dinero público enviado a la entidad para atender desgracias causadas por fenómenos meteorológicos, en especial el denominado Stan. Su brazo policiaco, Mariano Herrán Salvatti, que llevaba desde el Distrito Federal una larga cauda de intereses y enredos densos y pesados, le ayudó a generar animadversión creciente en su contra. Y a su portafolio personal de conflictos el ahora apresado añadió un largo y envenenado ánimo persecutorio contra periodistas y medios de comunicación, con tal intensidad que, luego de soportar las oleadas represivas, muchos de ellos se han convertido en sonoros demandantes de justicia, a tal grado que la aprehensión de Salazar coincidió con fechas tradicionales de festejo oficialista del periodismo, como si Sabines hubiese planeado un regalo imperial al gremio.

Justicia divina. Podéis ir en paz, la transa ha terminado (al menos en esta instancia, a reserva del resultado posterior de la anunciación, ya hecha, de un recurso opositor ante las alturas judiciales). Divinidad de justicia, la mexicana: Onésimo, el obispo de la opción preferencial por los millones (obviamente, de dólares), libra las acechanzas de la malignidad litigante que pretendía arrebatarle el esforzado fruto de su esfuerzo, es decir, no las limosnas y las contribuciones eclesiales en sí, sino la colección de arte que el ex corredor de bolsa, entonces compañero del joven Carlos Slim Helú , logró transferir de las agónicas manos de una rica anciana a las propias de ese suertudo jefe de la feligresía católica de Ecatepec que para justificar las presuntas transacciones dolientes hubo de soltar la tesis exculpatoria de que había hecho un etéreo préstamo por 130 millones de dólares (¿salidos de dónde?, ¿cuál fue y es la situación fiscal correspondiente a ese movimiento de dinero?), que en triangulación celestial acabaron dándole en propiedad las obras de arte que son motivo del pleito que en principio un juez consideró adverso al obispo de la gran vida, por lo cual debería habérsele girado una orden de aprehensión que en una primera etapa fue frenada porque providencialmente al inminente reo le llegó una oportuna afección cardiaca que lo recluyó en una habitación de lujo de un hotel de primer nivel del que el bendito coleccionista salió cuando ya no había peligro, para reintegrarse a su cotidianidad de cinco estrellas en la que el 16 de junio fue informado del milagroso resolutivo de dos magistrados contra uno que echaron atrás la pretensión de encarcelarlo y lo fortalecen en la apropiación del arte ahora sí ya penalmente a salvo (salvo lo que digan las alturas). ¡Uf!

(Tomado de Julio Hernández López, La Jornada, junio 3, 6, 7, 8, 17, 2011).

NACIONAL: La presión moral de las víctimas

En su libro Sentido único, Walter Benjamin sostiene que si la revolución proletaria no llega a tiempo, el progreso económico y técnico del capitalismo puede terminar en desastre. Parafraseándolo, puede afirmarse que, si la revuelta ciudadana nacida de la presión moral de las víctimas de la guerra contra el narcotráfico de Felipe Calderón no llega a tiempo, la militarización del país terminará en desastre.

“Marx dijo que las revoluciones son las locomotoras de la historia –escribió Benjamin–. Pero quizá sea diferente. Puede ser que las revoluciones sean la mano de la especie humana que viaja en ese tren y que tira el freno de emergencia”. La metáfora ilumina nuestros tiempos actuales. Quizás, la resistencia civil nacida del reclamo del silencio que reivindica un pacto ciudadano para detener la absurda estrategia de guerra puede convertirse en la herramienta que frene el ferrocarril que conduce a la nación rumbo al abismo.

Un movimiento así sólo puede constituirse desde la autoridad moral de las víctimas y sus familiares. Sólo puede prosperar desde el diálogo de quienes viven el dolor del sacrificio de uno de los suyos, y el agravio de la impunidad gubernamental. Son las víctimas, y no sus abogados, las que deben decir su palabra. Son ellas las que tienen el derecho a hablar en letras mayúsculas. Son ellas –y no sus intermediarios– quienes deben trazar el camino de su lucha. Ellas son su núcleo fundador, su inspiración, su fuente de legitimidad.

Hoy, las víctimas, colocadas en una situación límite a raíz de una vivencia radical, han comenzado a hacer política. Su principio de acción en la vida pública proviene de una decisión individual de carácter moral nacida de la injusticia. La suya es una alternativa ética. Es en la moralidad de sus acciones, tanto individuales como colectivas, donde se encuentra la fuerza para desmilitarizar el país y reparar el daño.

Forjar la unidad de las víctimas es tarea ardua. Ya Eduardo Gallo documentó cómo algunas organizaciones civiles y sus dirigentes han sido acallados por el gobierno federal con recursos, prebendas y cargos públicos. Pero es difícil además, por la diversidad de circunstancias y visiones del mundo de los afectados. El mapa del dolor dibujado por la guerra contra el narcotráfico está trazado con todos los colores del espectro político, social y religioso. Escapar del cautiverio de los intereses particulares y de los estereotipos ideológicos es tarea difícil, acaso sólo posible si se calibra en toda su magnitud el tamaño de la catástrofe nacional.

En las últimas semanas se ha debatido una caracterización del naciente movimiento, de sus retos y perspectivas. La poesía de la disidencia de la marcha por la paz se ha convertido en un ejercicio de ardua gramática organizativa. De la firma de un Pacto Nacional por la Paz en Ciudad Juárez, el 10 de junio, sobresalen, entre las muchas contradicciones que inevitablemente atraviesan al movimiento, dos: la propuesta de negociar con el gobierno y la lucha por una reforma política presente en el documento Por un México en paz con justicia y dignidad.

De un lado, se encuentra el Movimiento Nacional por la Justicia con Paz y Dignidad (MNJPD) encabezado por el poeta Javier Sicilia y personajes como Emilio Álvarez Icaza. Del otro, el Frente Plural Ciudadano (FPC) y el Centro de Pastoral Obrera (CPO) de Ciudad Juárez. El MNJPD propone un pacto ciudadano que, en un segundo momento, abra el diálogo con las autoridades. Asimismo, reivindica una reforma política que mejore la democracia representativa y la democratización de los medios de comunicación, y que la Cámara de Diputados, en un periodo extraordinario a más tardar en dos meses, apruebe la minuta de reforma política constitucional aprobada por el Senado.

El FPC y el CPO se oponen a todo diálogo con el gobierno en cualquier punto del país, en tanto no existan garantías y los militares continúen en las calles. Consideran que la experiencia propia y la historia nos han enseñado que con el gobierno no se pacta. Las y los hermanos de Chiapas lo vivieron con los acuerdos de San Andrés, que aun pactados, fueron incumplidos; la misma suerte ha seguido la sentencia de la Corte Interamericana por las muertes de mujeres del Campo Algodonero, a pesar del peso moral y obligación de México como parte de la comunidad internacional, y nuestra experiencia reciente con el rotundo fracaso de los 100 puntos y 100 días del programa Todos Somos Juárez.

Además del espinoso asunto del diálogo con el gobierno, otros puntos están también a debate dentro del movimiento. Mientras el MNJPD exige poner fin a la estrategia de guerra y asumir un enfoque de seguridad ciudadana, diversos organismos señalan que se necesita desmilitarizar ya al país y eliminar el fuero militar. En los seis puntos del Pacto nacional por un México en paz con justicia y dignidad no se hacen referencias críticas explícitas al papel de Estados Unidos en la guerra contra el narcotráfico ni hay objeciones a la Iniciativa Mérida, pero diversas agrupaciones consideran que es central denunciar la responsabilidad de Washington en la definición de la estrategia gubernamental y defender la soberanía nacional. Asimismo, varios grupos advierten que es necesario reivindicar el esclarecimiento de los feminicidios en Ciudad Juárez.

La hora de meter el freno de emergencia para detener la locomotora de la militarización del país ha llegado.

(Texto de Luis Hernández Navarro, La Jornada, 24/V/11).

En el caso de las bacterias E. coli, de las que hay muchas diferentes cepas, éstas son usadas y manipuladas en forma intensiva y masiva por la industria, por lo que están favoreciendo todo el tiempo la creación de nuevas cepas. Por ejemplo, son un elemento importante en la construcción de transgénicos (agro-alimentarios, farmacéuticos y veterinarios), son el vector de fermentación de la biología sintética (manipulando con genes artificiales bacterias E. coli y levaduras, porque son rápidas y fáciles de usar), son el vector para fabricar hormonas transgénicas (hormona de crecimiento bovino) para que las vacas produzcan absurdas cantidades de leche que las enferman y nos enferman. En la mayoría de los casos, para probar si la transgenia fue exitosa, les aplican antibióticos, por lo que además de la transferencia horizontal de material genético entre diferentes bacterias (que de por sí promueven los transgénicos), aumentan también la resistencia a antibióticos.

Como las E. coli están presentes en todas partes pero aumentan con ciertas condiciones (almacenamiento, transporte, temperaturas, etc.), en las grandes instalaciones se las combate con bactericidas lo cual promueve aún más mutación y resistencia.

La presencia de bacterias y virus, normales o por falta de higiene y otras condiciones, puede suceder tanto en pequeñas producciones locales, como en grandes. Pero en las pequeñas y descentralizadas, sea desde la cría animal a los cultivos, intercambio y procesamiento de alimentos, mercados locales, queda focalizada o diluida entre muchas otras fuentes de diversidad animal y vegetal.

Es justamente el carácter masivo y uniforme de los cultivos y animales que los hace más vulnerables, al tiempo que los ataques continuos con químicos que todo el tiempo crean más resistencia, agregado a largos transportes y diversos empaques que exigen los grandes supermercados, lo que converge para crear las cepas más peligrosas. Ya en la espiral destructiva, para controlar todo esta debacle de enfermedad que crean –las que se destapan y las muchas sobre las que no toman estadísticas– aplican más químicos como conservadores, aplican irradiación de alimentos y empaques con nano-tecnología para que los alimentos parezcan frescos; aunque sean nocivos.

Igual que con la gripe porcina, no es verdad que las autoridades no sepan de dónde salió la nueva cepa. Incluso, desde ya, les podemos decir de dónde vendrán muchas de las próximas bacterias y virus patógenos.

El verdadero origen del desastre es que el sistema agroalimentario haya sido secuestrado por las trasnacionales y que para que ganen más, nuestra comida sea transgénica, nos haga obesos, tenga menos nutrientes y esté llena de venenos, sean químicos o nanotecnológicos. Tan brutal ha sido el secuestro en los mercados, que en lugar de tener que advertir los que tienen tóxicos, se etiqueta –con alto costo para productor y consumidor– los productos orgánicos, los que no tienen tóxicos. Y de pasada, afirman que son el origen de cepas patógenas.

Consecuentemente, el control de la inocuidad alimentaria se ha transformado en una máquina comercial que lejos de favorecer la salud pública y prevenir enfermedades, es un sistema selectivo de privilegios para las grandes empresas, para desplazar e impedir la producción y consumo de productos campesinos, de pequeños productores y de muchos países del Sur. (Recomiendo ver informe de Grain, Food safety for whom: corporate wealth vs. peoples’s health www.grain.org)

Pese a todo eso, 70 por ciento del planeta aún se alimenta de la producción campesina, comunitaria, familiar. Por la salud de todos y la del planeta, es lo que tenemos que rescatar y apoyar, contra la voracidad homicida de las trasnacionales.

(Texto de Silvia Ribeiro, La Jornada, 4/VI/11).

INTERNACIONAL: Pepinos, cerdos y enfermedades

El surgimiento de una nueva cepa letal de la bacteria Escherichia coli (E. coli) en los alimentos en Europa pone de manifiesto, nuevamente, el desastre sanitario en que nos ha metido el sistema alimentario agroindustrial. Lo tratan como accidente, pero en realidad es algo cada vez más frecuente, porque es una consecuencia sistémica. Era lo esperable, al igual que el surgimiento de la gripe porcina y la gripe aviar.

Las autoridades sanitarias del gobierno alemán, donde primero se identificó el brote, acusaron como causantes de contaminación a los pepinos orgánicos españoles. Lo tuvieron que rectificar porque era falso, pero ya habían causando grandes pérdidas. Acusan también a tomates y lechugas, se especula con leche, carnes y agua embotellada. Según el Instituto Robert Koch de Alemania, se trata de una cepa desconocida, producto de recombinación de otras, que dio la nueva E. coli enterohemorrágica O104:H4. Al principio sospechaban de la E. coli O157:H7, la que se encontró en carne molida de grandes empresas como Cargill y que en 2008 motivó el retiro de 64 millones de toneladas de carne de Estados Unidos y miles de afectados.

En este caso dicen no saber de dónde salió ni cuánto va a durar, pero se ha extendido a varios países europeos y ha causado cerca de 30 muertes y más de 2000 internaciones que pueden tener consecuencias graves. Se podría agregar una larga lista de accidentes graves del sistema alimentario industrial (carnes contaminadas, melamina, dioxinas, aditivos y envases de plástico tóxicos, adulteraciones). Lo cierto es que gracias a la industria agroalimentaria controlada por una veintena de trasnacionales globales, la comida pasó de ser necesidad, placer y cultura, a convertirse en una permanente amenaza a la salud.

OPINIÓN: Las revoluciones de la gente común

En los más diversos rincones del planeta la gente común está saliendo a las calles, ocupando plazas, encontrándose con otras gentes comunes a las que no conocían pero que inmediatamente reconocen. No esperaron a ser convocados, acudieron por la necesidad de descubrirse. No calculan las consecuencias de sus actos, actúan con base en lo que sienten, desean y sueñan. Estamos ante verdaderas revoluciones, cambios profundos que no dejan nada en su lugar, aunque los de arriba crean que todo seguirá igual cuando las plazas y las calles recuperen, por un tiempo, ese silencio de plomo al que denominan normalidad.

No encuentro mejor forma de explicar lo que está sucediendo que traer un memorable texto de Giovanni Arrighi, Terence Hopkins e Immanuel Wallerstein, 1968: el gran ensayo, capítulo del libro Movimientos antisistémicos (Akal, Madrid, 1999). Ese texto denso, inspirado en la mirada larga y profunda de Braudel, se abre con una afirmación insólita: Tan sólo ha habido dos revoluciones mundiales. La primera se produjo en 1848. La segunda en 1968. Ambas constituyeron un fracaso histórico. Ambas transformaron el mundo.

A renglón seguido los tres maestros del sistema-mundo exponen que el hecho de que ambas revoluciones no estuvieron planeadas y que fueran espontáneas en el sentido profundo del término explica tanto el fracaso como su capacidad de cambiar el mundo. Dicen más: que 1848 y 1968 son fechas más importantes que 1789 y 1917, en referencia a las revoluciones francesa y rusa. Éstas fueron superadas por aquéllas.

El concepto heredado y hegemónico aún de revolución debe ser revisado, y lo está siendo en los hechos. Frente a una idea de revolución centrada exclusivamente en la conquista del poder estatal, aparece otra más compleja pero sobre todo más integral, que no excluye la estrategia estatal pero que la supera y desborda. En todo caso, la cuestión de conquistar el timón estatal es un recodo en un camino mucho más largo que busca algo que no puede hacerse desde las instituciones estatales: crear un mundo nuevo.

Para crear un mundo nuevo, lo que menos sirve es la política tradicional, anclada en la figura de la representación que consiste en suplantar sujetos colectivos por profesionales de la administración, y del engaño. Por el contrario, el mundo nuevo y diferente al actual supone ensayar y experimentar relaciones sociales horizontales, en espacios autocontrolados y autónomos, soberanos, donde nadie impone y manda el colectivo.

La frase clave de la cita es espontánea en el sentido profundo. ¿Cómo interpretar esa afirmación? En este punto hay que aceptar que no hay una racionalidad, instrumental y estadocéntrica, sino que cada sujeto tiene su racionalidad, y que todos y todas podemos ser sujetos cuando decimos Ya basta. Se trata, entonces, de comprender las racionalidades otras, cuestión que sólo puede hacerse desde adentro y en movimiento, a partir de la lógica inmanente que develan los actos colectivos de los sujetos del abajo. Eso indica que no se trata de interpretar sino de participar.

Por encima de las diversas coyunturas en que surgieron, los movimientos de la plaza Tahrir en El Cairo y de la Puerta del Sol en Madrid forman parte de la misma genealogía del “que se vayan todos” de la revuelta argentina de 2001, de la guerra del agua de Cochabamba en 2000, de las dos guerras del gas bolivianas en 2003 y 2005 y de la comuna de Oaxaca de 2006, por mencionar sólo los casos urbanos. Lo común son básicamente dos hechos: poner un freno a los de arriba y hacerlo abriendo espacios de democracia directa y participación colectiva sin representantes.

Esa estrategia con dos fases, rechazo y creación, desborda la cultura política tradicional y hegemónica en las izquierdas y el movimiento sindical, que sólo contemplan parcialmente la primera: las manifestaciones autocontroladas, con objetivos precisos y acotados. Esa cultura política ha mostrado sus límites, incluso como rechazo a lo existente porque al no desbordar los cauces institucionales es incapaz de frenar a los de arriba y se limita, solamente, a preparar el terreno para el relevo de los equipos gobernantes sin cambio de política. Esa cultura política ha sido hábil para desplazar a las derechas y ha fracasado a la hora de cambiar el mundo.

Las revoluciones en marcha son estuarios donde desembocan y confluyen ríos y arroyos de rebeldías que recorrieron largos caminos, algunos de los cuales beben en las aguas de 1968 pero las superan en profundidad y densidad. Rebeldías que vienen de muy lejos, montaña arriba, para confluir de modo imperceptible y capilar con otros cauces, a veces minúsculos, para un buen día mezclar sus aguas en un torrente donde ya nadie se pregunta de dónde viene, qué colores y señas de identidad arrastra.

Estas revoluciones son el momento visible, importante pero no fundante, de un largo camino subterráneo. Por eso la imagen del topo es tan adecuada: un buen día pega un salto y se muestra, pero antes ha hecho un largo recorrido bajo tierra. Sin ese recorrido no podría nunca ver la luz del día. Ese largo andar son las cientos de pequeñas iniciativas que nacieron como espacios de resistencia, pequeños laboratorios (como los que existieron desde finales de los años 90 en Lavapiés, Madrid) donde se vive como se quiere vivir y no como ellos quieren que vivamos.

Quiero decir que los grandes hechos son precedidos y preparados, y ensayados como señala James Scott, por prácticas colectivas que suceden lejos de la atención de los medios y de los políticos profesionales. Allí donde los practicantes se sienten seguros y protegidos por sus pares. Ahora que esas miles de microexperiencias han confluido en estas correntadas de vida, es momento de celebrar y sonreír, a pesar de las inevitables represiones. Sobre todo, no olvidar, cuando vuelvan los años de plomo, que son esas trabajosas y solitarias experiencias, aisladas y a menudo fracasadas, las que pavimentan las jornadas luminosas. Unas con otras cambian el mundo.

(Texto de Raúl Zibechi, La Jornada, 3/VI/11).

OPINIÓN: La poesía no canta en vano

“Comprendí que mi misión humana no era otra que agregarme a la extensa fuerza del pueblo organizado, agregarme con sangre y alma, con pasión y esperanza, porque sólo de esa henchida torrentera pueden nacer los cambios necesarios a los escritores y a los pueblos”. Pablo Neruda escribió estas palabras en 1971, al recoger el Premio Nobel de Literatura. Recordó a Rimbaud y acabó diciendo que, con la “ardiente paciencia” de la lucha, “la poesía no habrá cantado en vano”. Neruda poeta y militante comunista escribió sobre la vida, el amor, las mujeres y, también sobre la opresión y “el tiempo encendido del combate”. Dicen que murió en su casa de Isla Negra a los pocos días del golpe militar. Después de 38 años, la justicia chilena ha decidido esclarecer lo que todo el mundo pensó y nadie dijo: que Neruda fue asesinado por orden de Pinochet. “Nuestras estrellas primordiales –escribió– son la lucha y la esperanza. Pero no hay lucha ni esperanzas solitarias. Por eso tal vez he llegado hasta aquí con mi poesía y también con mi bandera”. ¿Qué sensibilidad especial poseen los poetas hacia la revolución, o la revolución hacia la poesía? ¿Dónde se juntan y se separan? ¿Dónde permanecen? El 7 de junio de 1968, el dirigente de ETA Txabi Etxebarrieta murió acribillado por la Guardia Civil en Benta Aundi. Contra el muro quedó la historia de su militancia, de su compromiso. Pero, como pensaba Neruda, su bandera y su esperanza se hicieron tan grandes como el tiempo de esa poesía, a la que no dejaron ser y todavía vive. “De saber que muero esta noche/ te buscaría locamente/ te auparía sobre mi muerte/ al país donde ha vivido mi amor por ti”. 20 de febrero, 1966.

(Texto de Amparo Lasheras, gara, 3/VI/11).

OPINIÓN: Fábrica de esclavos

El ser humano que pertenece a otro es por naturaleza un esclavo. El que siendo humano pertenece a otro es un artículo de propiedad, un instrumento.

El esclavo es un instrumento viviente, así como un instrumento es un esclavo inanimado. Hay por naturaleza diferentes clases de jefes y subordinados. Los libres mandan a los esclavos, los hombres a las mujeres y los adultos a los niños.

El arte de la guerra incluye la cacería contra las bestias salvajes y contra los que habiendo nacido para ser mandados, no se someten; y esta guerra es naturalmente justa.

Si usted cree que esta frase la dijo algún zeta o el ministro de la Suprema Corte Sergio Salvador Aguirre Anguiano, quien consistentemente insiste en desacreditar los derechos de la infancia y de las mujeres, se equivoca. Los párrafos anteriores fueron escritos por Aristóteles, el filósofo griego, uno de los más brillantes pensadores de su época. Y en gran medida estos preceptos siguen vigentes, son válidos para millones de personas.

Una prueba de ello la encontramos en el estudio que llevó a cabo el Observatorio de Violencia Social en Puerto Vallarta, Acapulco y Cancún, para entender cómo las sociedades de esos tres polos turísticos perciben y viven el tema de la explotación infantil y el turismo sexual. La gran mayoría de entrevistados en Acapulco no solamente culpabilizó a las víctimas sino además aseguró que no hay nada que hacer al respecto, y es allí donde más familias se dedican con normalidad a la trata de menores. Mientras que en los otros dos centros turísticos una buena parte opinó que este fenómeno delictivo debe ser erradicado.

Pero, ¿cómo conviven esas dos formas de pensamiento en nuestra sociedad? La pregunta es importante porque en esta crisis nacional una buena parte de las y los mexicanos siente que entre la delincuencia y el Estado le han arrebatado el poder de usar sus herramientas para protegerse y proteger a sus seres queridos.

En contraste, otra parte de la sociedad ha decidido sacar tajada de esta parálisis social, porque considera que el principio de la guerra justa que produce esclavos para el más fuerte no solamente les puede beneficiar, sino además les da más poder que nunca (vea el detrimento del perfil de los políticos).

Esos aliados de la violencia y la esclavitud, conscientes o no de sus alianzas, todos los días abonan a descalificar las causas que evidencian la desigualdad.

Ciudadanos de todo tipo alimentan la confusión. Reclaman que hablar del incendio de la guardería ABC es una necedad, al igual que lo es insistir en procesar a los asesinos de las mujeres de Chihuahua, a los pederastas, a Mario Marín o a los responsables de las muertes de Pasta de Conchos, sólo porque ya algunos ministros de la Corte, con el aval presidencial, o con presiones del PRI, decidieron proteger a los responsables de la muerte y sufrimiento de quienes para muchos pertenecen al eslabón más débil de la cadena del poder: niñas, niños, mujeres y trabajadores pobres.

Justamente para que cada vez sea mayor el número de personas, de todas las edades, que rebata con hechos y argumentos el absurdo principio de la guerra justa que elimina a los más débiles, o en el mejor de los casos les esclaviza, es importante seguir evidenciando la impunidad, marchando por todo el país; es vital expresar cómo y porqué nos duele la muerte y la violencia, el sexismo y la discriminación, la homofobia y el racismo.

Porque todos esos odios sociales se basan en un solo principio: el de la subordinación de los más débiles ante los más fuertes. Mientras una parte de la sociedad avale la estrategia de mantener al país como fábrica de esclavos del poder, será muy difícil lograr cambios de fondo en México.

La única manera de fortalecernos, a pesar de que nos descalifiquen, persigan o amenacen, es rechazando esa visión aristotélica, a pesar de aquellos que desde la política, los medios o cualquier otro poder, fáctico o criminal nos demuestren que sigue vigente.

Así, aunque la evidencia muestre que la injusticia y la impunidad son la regla, creando excepciones podemos desmontar el principio de la esclavitud, intelectual, jurídica, de género o social. Poco a poco, a sumar, como dice el maestro Eduardo Galeano, arrejuntando el alma cada vez. Por eso ni perdón ni olvido, sino justicia, hoy y siempre.

(Texto de Lydia Cacho, argenpress, 7/VI/11).