domingo, 2 de enero de 2011

EDITORIAL: Vargas Llosa “nobelizado”

El 26 de enero de 1983 fueron asesinados en Uchuraccay, provincia de Ayacucho, Perú, ocho periodistas de diversos periódicos peruanos y su guía, que habían llegado a la zona, donde actuaba Sendero Luminoso, en misión de investigación.

Los autores de la matanza fueron los militares.

Eso había que ocultarlo y el entonces presidente peruano Fernando Belaúnde Terry, violando la Constitución al sustraer la investigación de la matanza al Poder Judicial, se apresuró a convocar una comisión (tribunal de “honor”) presidida por Vargas Llosa que no tardó en concluir, contra toda evidencia, que los militares eran ajenos a la masacre de los periodistas.

Tiempo después, un juez valiente, tenaz y verdaderamente honorable, enfrentando toda clase de obstáculos, estableció lo que todos, salvo Vargas Llosa, sabían: que los autores de la masacre de los periodistas y de su guía fueron miembros de la Fuerzas Armadas.

Vargas Llosa volvió a mostrar su activismo a favor de la impunidad con un artículo (“Jugando con el fuego”) publicado en el diario francés Le Monde del 18 de mayo de 1995, traducción de un artículo publicado antes en el diario El País de España, en el que sostenía que era hora de “enterrar el pasado” en Argentina con respecto a los crímenes cometidos durante la dictadura militar, de los que fue también responsable, según él, “un amplio espectro” de la sociedad argentina.

El diario francés Le Monde publicó en su edición del 26 de mayo siguiente, tres réplicas a Vargas Llosa, una del escritor Juan José Saer, otra de la socióloga Silvia Sigal y una tercera de Alejandro Teitelbaum, en el que éste último recordaba su actuación en el caso de los periodistas peruanos asesinados, titulado precisamente “Un militante de la impunidad”.

Saer, en su artículo, comenzaba describiendo al personaje: “No voy a polemizar con Vargas Llosa, sino a restablecer algunas verdades. Su actitud de recurrir en los artículos de su autoría que he leído, a la amalgama, a la información truncada, a la petición de principio y a la pura mitomanía, impide toda discusión con él. El señor Vargas Llosa, que ha hecho de la agitación su fondo de comercio, no tiene ni la envergadura intelectual ni las garantías morales que pueden hacer de todo adversario un interlocutor válido...”.

Después que se le confirió el Nobel de la Paz a Obama, dicho premio ha perdido todo su valor simbólico y desde hace rato forma parte del aparato ideológico del sistema dominante. Esto ya lo había anticipado Sartre cuando rechazó el premio Nobel de Literatura en 1964.

(Texto de Alejandro Teitelbaum, argenpress, 12/X/10).

Por todo ello existe un fuerte componente de hipocresía en la concesión por parte del Comité noruego del premio Nobel de la Paz al preso chino Liu Xiaobo. Ni qué decir de la celebración por parte de Occidente, postrado como está a los pies del gigante comercial oriental. Resulta paradójico, asimismo, que Obama pida la liberación de Xiaobo, al haber sido premiado él con ese mismo galardón entre otras cosas por su labor para terminar con Guantánamo. Un año después ese centro de detención ilegal sigue abierto. Lo mismo en la teoría que en la práctica, dar lecciones exige dar ejemplo.

(Editorial de gara, 9/X/10).

EDITORIAL: Hipocresía y derecho a la discrepancia

En abstracto, desde un punto de vista puramente democrático, es positivo buscar fórmulas en las que el derecho a la discrepancia y los derechos de los disidentes tengan cabida en los diferentes sistemas políticos. Es decir, que quienes piensan y sienten diferente o que quienes, directamente, buscan cambiar un sistema dado tengan vías políticas para hacerlo y que los límites que se establezcan a esos cambios sean las dificultades propias de la democracia: lograr el apoyo de una mayoría de la sociedad en la que se desea operar el cambio. Dada la ventaja con la que parte un sistema establecido, siempre y cuando actúe con un mínimo de justicia y equidad respecto a la población en la que pervive, el límite de la voluntad popular parece suficiente como para evitar que los pueblos adopten motu proprio la locura irresponsable o el totalitarismo. Asimismo, evitar los castigos y las penas por causas políticas en cualquiera de los sistemas pasados, vigentes o futuros supondría un avance de dimensiones bíblicas dentro del desarrollo humano.

Desgraciadamente, dejando de lado el mundo abstracto y retornando a las sociedades humanas tal y como son en este momento histórico, la lucha en favor de la democracia sigue estando tan vigente como siempre y ni siquiera en las sociedades más desarrolladas, como pueden ser las situadas al norte de Europa, se ha alcanzado el estadio en el que la disidencia pueda promover un cambio estructural sin ser perseguida policial y judicialmente. La asunción de las políticas y legislaciones “antiterroristas” de la era Bush son un claro ejemplo de ello.

MUNICIPAL: Propaganda elemental

“Después de todo, ¿qué son un cuadrado y un círculo? Son meras palabras, y las palabras pueden moldearse hasta disfrazar las ideas”: Joseph Goebbels.

Hoy por hoy, en el umbral de la sociedad del conocimiento, los principios y las técnicas de la propaganda configurados por Joseph Goebbels, y exitosamente comprobados por Adolf Hitler, siguen vigentes. Su ejecución constante en el entorno político y su desmesurada aplicación en la sociedad de mercado han generado el anglicismo híbrido “marketing político” que se caracteriza por el ejercicio superlativo y despiadado de los principios de Goebbels. El primero de esos principios es la ley de la simplicidad: “A fin de conseguir la mayor efectividad, el mensaje debe ser lo más sencillo posible para que todos y cada uno de los individuos sean capaces de comprenderlo, sin exigirles demasiado esfuerzo. Debe ser breve y claro, elaborado con frases sencillas y enunciaciones primarias. Conviene, por lo tanto, reducirlo a slogans y símbolos”. Los ejemplos más próximos los tenemos en los slogans de este y el pasado gobiernos municipales: “Juntos por un futuro mejor” y “Creciendo contigo”, respectivamente. La influencia de la propaganda se expande en la cultura de masas y el discurso político se reduce a mensajes simples y breves que serán transmitidos repetidamente hasta que los ciudadanos lo asimilen y lo integren a su percepción de la realidad. La ley de la simplicidad se ejecuta consuetudinariamente y el ejemplo más claro y reciente, es la difusión mediática de “las acciones de gobierno” emprendidas en San Francisco con motivo del I Informe rendido por Jaime Verdín. En el ya conocido como “Informe del Tríptico”, el alcalde pretendió minimizar la escasez de obra, la falta de atención en áreas clave y la carencia de introducción de servicios, diciendo que en “su gobierno se ha avanzado”, declarando que “lo realizado en esta administración” será necesario repetirlo hasta que todos los ciudadanos lo entiendan: “Yo no quiero ser un alcalde de cemento. Durante este primer año hemos buscado el desarrollo integral de la población, apostándole no sólo a la obra material, sino a la educación, la cultura, el deporte, a los programas sociales, así como a mejorar la atención en las oficinas públicas”. Ahí mismo, el alcalde recurrió a la engañifa de la autocrítica, pidiendo propuestas a sus críticos. ¿Qué caso tiene hacer propuestas a un alcalde sordo e insensible, si de todos modos va a seguir en las mismas, es decir, manteniendo en sus puestos a quienes han demostrado no estar a la altura de los desafíos actuales, como es el director de Seguridad Pública o el de Servicios Municipales o el de Obras Públicas –señalado por sus propios compañeros de trabajo como un reverendo inepto–, por sólo citar algunos? El alcalde se equivoca si cree que con “la inyección” de recursos va a superar las deficiencias. Y lo anterior confirma lo que hemos venido diciendo: preocupado por su imagen, Jaime Verdín acude a la ejecución de la ley de la simplicidad, la cual atenta contra la conciencia colectiva, ofende a la inteligencia de todos aquellos que se percatan de este vulgar manipuleo de la opinión pública. Pero afortunadamente, aún se cumplen los principios de la ley de la causa y efecto, y ahora como siempre y desde entonces, la fabricación de falsos consensos, como una acción nefasta, desencadena una reacción en el raciocinio y se articula el mecanismo de la disidencia. Resulta paradójico que en plena posmodernidad, las tecnologías de información y comunicación consideradas como el vehículo que conduciría a la democratización del conocimiento, sean el medio idóneo para actualizar aquellos principios elementales de la propaganda, creados para distorsionar la percepción y esclavizar la voluntad de la multitud. Esos son los resortes que impulsan a Verdín a desgranar declaraciones que contradicen su propia actuación como funcionario público tanto hoy, como en el pasado en su papel de diputado federal en 2006-2009 y de regidor en 1992-1994. Va un ejemplo, cuando con motivo del vigésimo aniversario del IFE, dijo: “yo sí creo en los avances de la democracia; sin embargo, de las grandes deudas o pendientes que aún se tienen en materia electoral, es trabajar en eliminar la compra de votos, actividad que hay quienes mantienen vigente”. No se mordió la lengua el barbado alcalde, quien durante su campaña hacia la presidencia municipal se valió de los programas de los tres niveles de gobierno para promoverse como el “mejor candidato”. Encarrerado, se dio tiempo para soltar esta barbaridad: “mientras no se dé la posible desaparición del IFE, no significará otra cosa sino que las condiciones aún no están dadas en la madurez totalmente política, como de que faltan aspectos por ser resueltos, porque de nada sirve el que simplemente se haga como que ya está visto el problema”. No cabe duda, el alcalde podría ser sujeto de interés científico porque es un magnífico ejemplo de una de las cuestiones más misteriosas de la política, a saber, por qué los representantes públicos que se miran al espejo de la responsabilidad pública no son capaces de reconocerse a sí mismos. Casos hay a montones, pero llama la atención el del primer panista del municipio, hombre de poca talla física, personal y política, pero afectado de gigantismo en lo que a ego se refiere. Pues bien, a pesar de su enorme yo, cuando se le coloca frente al espejo, el alcalde no se tienta la cara sino que señala al reflejo, a ese hombre que intenta por todos los medios ocultar escándalos como el del enorme agujero que dejara su antecesor Antonio Salvador “El Güero” García en las finanzas públicas, y que hoy tratan de tapar con cuantiosos préstamos (hablan de cien millones de pesos como si hablaran de kilos de papas) que, finalmente, serán pagados a costa del contribuyente. Pero, como vivimos en la tierra de nadie y muy lejos del amparo de la ley, en el ambiente social se respiran sentimientos encontrados, las paradojas sociales eluden las normas y las ansias justicieras proliferan ante el vacío de autoridad. Dicen los teóricos del Derecho que la esencia de las leyes reside en su observancia general y obligatoria, que nadie está por encima de la ley y que nada queda fuera de su ámbito, y que por eso, la paz social sólo existe bajo el amparo de las leyes. Sin embargo, en estos días es claro que “la convivencia pacífica y el funcionamiento armónico de la sociedad” ya no forman parte de nuestra cotidianeidad. Y entonces, surge un vacío de autoridad que se expande gracias a la impunidad; y ante las injusticias y la impotencia, brota el germen justiciero, que es el fruto híbrido de la venganza y la justicia. Y esto último ya se está dando en nuestro municipio, puesto que la irritación social empieza a desbordar los diques que la autoridad tenía implantados desde hace décadas. Esos diques empiezan a debilitarse ante la llegada avasalladora de la comisión en exceso de delitos que hace algunos años parecían inconcebibles: incestos, violaciones de niñas y niños menores de doce o diez años, pandillerismo, trata de personas, homicidios dolosos, adicciones a drogas “duras”, suicidios, violencia intrafamiliar, violencia sicológica por parte de quienes ejercen un puesto de autoridad, prostitución, etc. Un gobernante deja de tener estatura moral en el mismo momento en que desatiende las atribuciones que le dieron origen; es decir, cuando la vida, los bienes y la seguridad de los gobernados dejan de ser prioritarios, germina el híbrido de la venganza y la justicia; y como paradoja social, las ansias justicieras proliferan en el vacío de autoridad. En esas estamos.

(Basado en Laura M. López Murillo, argenpress, 28/IX/10 y 6/X/10; Iñaki Lekuona, gara, 3/X/10; a.m., septiembre 28 y octubre 12 y 15, 2010; El Heraldo de León, 28/IX/10).

ESTATAL: Legalidad en la huelga de la mina El Cubo

Los trabajadores de la mina El Cubo obtuvieron la suspensión definitiva contra la determinación de la Junta Federal de Conciliación y Arbitraje de declarar inexistente la huelga iniciada el 30 de junio en Guanajuato, informó Javier Zúñiga García, secretario del Trabajo de la sección 142 del Sindicato Nacional de Trabajadores Mineros. Según Zúñiga García, el 7 de octubre el Juzgado Tercero de Distrito en Materia de Trabajo les otorgó el amparo definitivo (2599/2010), lo que da validez a su huelga iniciada hace más de cien días. Desde Canadá, donde se encuentra asilado, el líder sindical Napoleón Gómez Urrutia ha dado la instrucción de que el sindicato esté abierto a negociar con la empresa canadiense Gammon Gold la entrega de las utilidades que por ley debe entregar a los trabajadores de El Cubo; además, envió un mensaje a los inversionistas de ese país: “Más les vale en este momento sentarse a dialogar con respeto, con humildad, si quieren recuperar su mina”. El amparo es un triunfo para el movimiento minero de Guanajuato porque queda de manifiesto que los trabajadores del yacimiento siempre han actuado dentro del marco legal: “No buscamos el exterminio de la empresa, sino que se abra a una negociación justa, esperemos que pronto la empresa reflexione y se dé un acercamiento, una mesa de diálogo y lleguemos a los mejores acuerdos para ambas partes”.

El 30 de junio, 400 trabajadores iniciaron un paro en El Cubo en demanda de que la empresa Gammon Gold cumpla con el pago de utilidades que no entrega desde hace 10 años. La huelga propiamente dicha inició el 3 del julio con un paro de labores. Los mineros piden un bono de 50 mil pesos o pago de las utilidades. La respuesta de los canadienses fue anunciar el despido de 397 sindicalizados y el cierre indefinido de las minas el Cubo, Las Torres y Peregrina. ¿A quién le conviene este paro de labores?

(Tomado de La Jornada, 10/X/10).

NACIONAL: Ríos revueltos

Desorden institucional. Entre el pasmo, la corrupción y el desorden institucional, mal funcionan en momentos de crisis los sistemas gubernamentales de protección civil. No puede ser de otra manera si los cargos directivos de esas oficinas son entregados en los diferentes niveles de gobierno a personajes habilitados por motivos partidistas o grupales y si los correspondientes presupuestos –en los planos federal y estatales– son manejados con ánimo de lucro particular, una especie de botín cuyas cuentas suelen diluirse entre urgencias que tapan irregularidades y desviaciones.

La capacidad de prevenir, reaccionar y dar posterior atención a los damnificados por desgracias naturales está condicionada por la triste realidad política nacional: politiquerías, celos partidistas, corrupción voraz, impreparación y una enorme vocación simuladora. Un sistema político enfermo sólo puede ofrecer a la sociedad dosis de su propia patología para aparentar que se atienden y combaten los infortunios circunstanciales. La naturaleza desquicia y lesiona, pero la estructura institucional de defensa de la sociedad apenas logra hacer como que hace, con los políticos gobernantes constituidos en buscadores obsesivos de testimonios mediáticos de efímera eficacia.

En Oaxaca se vive un largo y criminal abandono. Ulises Ruiz ha destinado buena parte de los fondos públicos a aventuras electorales y a las cuentas particulares de sus amigos, aliados y familiares, restando ese dinero colectivo a la atención de las necesidades sociales. A él, como a Fidel Herrera en Veracruz, el río revuelto de las desgracias súbitas les ayuda a eludir controles sobre el pasado mal administrado e incluso les provee de recursos frescos y una especie de restitución del poder maltrecho. Felipe Calderón, por su parte, visita lugares dañados por inundaciones que recibirán promesas y palabras dichas ante cámaras y micrófonos aunque las cosas sigan casi iguales apenas el viajero se retire.

Trife hace candidato a AMLO. De extraña manera, el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación ha convertido a López Obrador en candidato presuntivo a la Presidencia de la República. La involuntaria designación proviene de un acto negativo, específicamente la censura a material de propaganda que los partidos del Trabajo y Convergencia han decidido realizar con AMLO como personaje central, pero podrá acabar siendo positivo para el tabasqueño, a quien sus adversarios parecieran obstinados en promover con base en torpezas como la cometida el 29 de septiembre, cuando el máximo órgano resolutivo en materia de comicios decidió castigar con el silencio obligado en ciertos espots a alguien que hasta ahora había sido solamente un ciudadano en desventajosa búsqueda de conseguir más delante una candidatura que el mencionado tribunal ha preferido dar por asignada para así comenzar a cerrarle el paso desde ahora, cuando procesalmente ni precandidato formal es.

El arranque de purismo mediático de la maltrecha corte politiquera presidida por María del Carmen Alanís contrasta con la circundante realidad abusiva que a ojos y oídos de todo mundo practica el priísta Enrique Peña Nieto, quien inunda los espacios electrónicos con material pagado por el estado de México para promover no solamente presuntos logros administrativos sino, sobre todo, la presencia, propuestas y aspiraciones de quien desde ahora es considerado el candidato presidencial de Televisa, aunque no solamente de esta empresa que por su fuerte influencia es usada como designación insignia, sino de un conjunto de medios de comunicación que mediante rigurosa factura realizan diariamente una evidente campaña de promoción que ni ve ni oye el mencionado tribunal censor.

De Monterrey a Monterror. Cada día Felipe Calderón deja más en claro que es un peligro para las próximas elecciones. Ha cercenado de manera sistemática libertades, garantías y legalidad, recluyendo a los ciudadanos en el calabozo del miedo activo y la amenaza latente, haciendo inviable el ejercicio cívico y comicial a causa del narcotráfico dominante y de la reacción policiaco-militar igualmente restrictiva e inhibitoria, envenenando intencionalmente el espectro de la diversidad mediante las alianzas partidistas pervertidas, retorciendo mecanismos judiciales para castigar a adversarios y promover personajes afines (incluso pertenecientes al orden familiar, como sucede en Michoacán) y advirtiendo desde ahora, con toda oportunidad, para que nadie se llame a engaño, que hará cuanto sea necesario para no dejar el poder o, cuando menos, para no dejarlo en manos de quien él no quiera.

Felipe sin pudor, que revive el lema central de la división social mexicana, el que adjudicaba a López Obrador ser un peligro para México, y lo enarbola para dar el banderazo de arranque de una nueva guerra sucia de propaganda contra el tabasqueño que ha resistido una criminal campaña de difamación y se reconstruye desde abajo, a pesar de todos los obstáculos que le han puesto. Felipe en guerra contra quienes piensan distinto a él y, en particular, contra quienes en legítimo ejercicio de sus derechos decidieron apoyar al candidato oficial de un partido legal, López Obrador, y en ese mismo esquema de libertad de elección podrían volver a apoyarlo. AMLO, según el licenciado HSCHC (haiga sido como haiga sido), “le gusta a sus fanáticos, le gusta a un extremo súper radical, le gusta a esta especie de feligresía, pero no le gusta al mexicano común que trabaja, lleva a sus niños a la escuela y quiere vivir en paz y tranquilidad. En la medida que corrija eso va a poder sacar a relucir los talentos que como cualquier persona tiene, y ojalá le vaya bien”. ¡El jefe formal del aparato político mexicano descalificando a los millones de personas que votaron y tal vez volverían a votar por ese candidato, y estableciendo normas de conducta y correctivos para ese presunto aspirante! Y, en la misma entrevista con Salvador Camarena, en W Radio, el caldero hablando de fuegos: “Se sembró una campaña de odio clasista, revanchista. El despertar en México eso de los ricos, los privilegiados, generó un odio que polarizó mucho”.

Pero, así como los escándalos declarativos de Calderón ayudaron a tapar los escándalos relacionados con la ganga otorgada a Televisa y Nextel mediante la vergonzosa y delictiva licitación 21, la respuesta de López Obrador coincidió con el proceso de cambio de nomenclatura norteña: de Monterrey a Monterror. Los habitantes de la capital de Nuevo León y su zona conurbada han ido viviendo el tránsito de la violencia “entre ellos”, los narcotraficantes, al ataque intencional a personas inocentes. Siembra de miedo entre la población no involucrada en “la guerra” contra el narcotráfico. Una granada contra gente que descansaba o paseaba en la plaza principal de Guadalupe, en días pasados. Balas en la plaza Morelos, siempre concurrida, de Monterrey. Se va cumpliendo el libreto Hillary que tomaba los ataques con coche bomba como muestra del paso del narcotráfico a fases distintas, no sólo con visos de insurgencia, sino de terrorismo. Dolorosa realidad cotidiana en una entidad cuyo microgobernador, Rodrigo Medina, sólo atina a seguir haciendo grilla con gel a favor de Peña Nieto pero que tiene abandonada la entidad mientras sus adversarios impulsan la idea de que habrá de caer el priísta huidizo; la guerra contra el narcotráfico, en su fase de terrorismo, colocada por algunos como presunta palanca de cambios políticos forzados en un Nuevo León siempre apetecido por el panismo-calderonismo.

Asquito. Cuando menos en materia de escándalos ha de sentirse satisfecho el acólito de la catedral de Guadalajara que en sus ratos libres se hace pasar por gobernador del estado de Jalisco. En abril de 2008, cuando repartía macrolimosnas para la construcción de un santuario de los mártires cristeros (90 millones de pesos) y para un banco diocesano de alimentos (15 millones), dijo frente a su preceptor religioso, el cardenal Juan Sandoval Íñiguez, para responder a las críticas que suscitaban esos donativos a lo eclesiástico: “a mí, lo que algunos poquitos dicen ¡me vale madre! ¡Así de fácil! (…) Éste es un cheque, no me importa, me cae; don Juan: absuélvame desde allá; además, estamos haciendo un buen desmadre, don Juan. ¿Sí o no? ¡Digan lo que quieran –perdón, señor cardenal–, chinguen a su madre!”

Otra vez frente a su tótem púrpura igualmente deslenguado, en la “universidad católica” de Jalisco, la del Valle de Atemajac (Univa), el mismo Emilio González Márquez dijo hace pocas semanas que los matrimonios entre personas del mismo sexo le producían “asquito”. El uso atenuante del diminutivo tuvo consonancia enigmática con la preventiva o acaso promisoria construcción escogida por el panista a quien con frecuencia sus adversarios le pintan pancartas con la leyenda: “Emilio, puñal/te coge el cardenal”. Dijo Emilio en esa segunda Cumbre Iberoamericana de la Familia que él concibe el matrimonio como la unión de un hombre y una mujer: “¿Qué quieren?, uno es a la antigüita. A lo otro, como dicen, todavía no le he perdido el asquito”. Todavía no. (Por cierto, en la misma reunión, el jefe Sandoval llamó a pelear contra los modernos ejes del mal: “El amor libre, la anticoncepción, el aborto... el matrimonio ya lo quieren exprés. Y lo que tarda un año, dos o tres para prepararse lo quieren desbaratar en diez minutos. Ahora tenemos el matrimonio entre personas del mismo sexo y hasta la autorización para que adopten. ¿Qué tenemos que hacer? Pues cerrar el camino a todas esas avenidas del mal...”).

(Basado en Julio Hernández López, La Jornada, septiembre 29 y 30, octubre 7 y 12, 2010).

INTERNACIONAL: Golpismo derrotado

Es meridianamente claro que la mafia policial que se insurreccionó el 30 de septiembre en Quito y que durante casi todo el día mantuvo secuestrado al presidente ecuatoriano, Rafael Correa, no actuó en defensa de conquistas laborales de los efectivos policiales, como lo pregonaron los alzados. El descontento entre los uniformados de la fuerza pública por la reciente aprobación legislativa de una nueva ley de servicio público, que en última instancia los favorece, tuvo que ser resultado de una labor de envenenamiento y desinformación con propósitos subversivos y golpistas.

Los instigadores están también al descubierto: “hermandades” corruptas enquistadas en la institución policial, sectores oligárquicos y de la llamada “comunidad de inteligencia” de Estados Unidos. El vínculo visible de los segundos con los policías insurrectos es el aventurero Lucio Gutiérrez, militar golpista en 2000, electo presidente dos años más tarde, feroz represor en 2004, defenestrado por las movilizaciones populares del año siguiente y, desde entonces, gestor de intereses injerencistas y empresariales.

En cuanto a la participación de instancias gubernamentales estadunidenses, debe recordarse que en 2008 el periodista canadiense Jean Guy Allard documentó la infiltración de la policía ecuatoriana, por la embajada de Washington en Quito, mediante “el pago de informantes, capacitación, equipamiento y operaciones”.

Así pues, aunque la intentona ostenta el rasgo atípico de haber sido emprendida por la policía y no por las fuerzas armadas, es claro que lo que se frustró en Ecuador fue un clásico golpe de Estado de la derecha oligárquica contra un gobierno progresista, con sentido popular y democráticamente constituido.

La involución que ha vuelto a colocar en el panorama regional esos ejercicios de violencia y barbarie tiene un arranque preciso: el cuartelazo perpetrado en Honduras en junio del año pasado, el cual logró trastocar en forma perdurable el orden institucional, debido, principalmente, a la complacencia que encontró en la comunidad internacional y, muy especialmente, en el gobierno de Barack Obama.

Desde el momento en que los golpistas hondureños fueron beneficiados con una benevolencia que contradice los principios democráticos de los gobiernos que les otorgaron reconocimiento diplomático y que se negaron a adoptar sanciones contra el régimen emanado del golpe contra el presidente Manuel Zelaya, se extendió una patente de impunidad que puede alentar atentados semejantes contra el orden constitucional en otros países latinoamericanos.

La intentona dejó ver, por otra parte, un patrón golpista que viene afectando a diversas naciones de la región desde 2002, cuando el presidente venezolano Hugo Chávez fue temporalmente derrocado y secuestrado por militares desleales, lo que se repitió en escala menor en Bolivia en 2008 y que un año más tarde logró subvertir el orden democrático en Honduras. Tal fenómeno plantea uno de los más graves desafíos a la legalidad y a la democracia en el subcontinente y amenaza con causar una regresión histórica que podría borrar lo conseguido en materia de normalización democrática desde hace cinco lustros, cuando colapsaron las dictaduras militares que se enseñoreaban en la mayor parte de las naciones centro y sudamericanas.

(Editorial de La Jornada, 1/X/10).

INTERNACIONAL: Los peligros de Irán y Corea del Norte

Durante casi 20 años Estados Unidos ha estado clamando que tiene la determinación de evitar que Irán y Corea del Norte se conviertan en potencias nucleares. En medio de asuntos de más urgencia, el gobierno estadunidense reafirma regularmente la importancia de este objetivo. Como es claro que Irán y Corea del Norte no quieren ceder ante estas demandas reafirmadas periódicamente, Estados Unidos amenaza con llevar a cabo ulteriores acciones de algún tipo, constantemente.

Después de todo este tiempo, ¿debemos tomar esto en serio? Lo que mejor resume lo que ha estado ocurriendo es eso que se conoce como “llevar las cosas al límite”, llamado en ocasiones el “juego de la gallina”. Cada vez que se reanuda el juego, la cuestión es siempre quién parpadea primero y cancela la escalada final implícita que desataría la guerra. Es común que Estados Unidos juegue este juego con Irán y Corea del Norte, pero con cada uno a la vez. En estos momentos lo juega con ambos simultáneamente. Por un lado, la simultaneidad hace más difícil creer en la seriedad del intento estadunidense. Por otro lado, hace el juego más peligroso.

¿Cuáles son las historias actuales? En el caso de Irán, Estados Unidos llevaba varios meses intentando obtener del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas una nueva resolución que le imponga más sanciones a Irán por no obedecer la resolución del Consejo de Seguridad que exige que Irán suspenda el enriquecimiento de uranio. Para obtener esta resolución adicional, Estados Unidos ha estado negociando con Rusia y con China en pos de su respaldo. Actualmente, estos dos países parecen haber acordado respaldar una resolución, pero ésta es más débil de lo que quisiera Estados Unidos, y a cambio tendrá que otorgar diversas concesiones en otros aspectos.

Hasta el momento, Estados Unidos asume que una vez obtenido el respaldo de Rusia y China podrá conseguir una resolución unánime del Consejo de Seguridad. Repentinamente, dos de los miembros no permanentes –Brasil y Turquía– entraron al escenario y se involucraron en una diplomacia muy pública en este asunto. Sus líderes arreglaron con Irán que intercambiara cerca de la mitad de su uranio de bajo enriquecimiento por combustible nuclear. Brasil, Turquía e Irán argumentan que con este acuerdo se recorre un largo trecho rumbo a cumplir las demandas estadunidenses. Estados Unidos no concuerda con esto y afirma que procederá a promover su resolución en el Consejo de Seguridad.

Estados Unidos no sabe cómo lidiar con la entrada brasileño-turca en el juego público. Se supone que ambos son países amigables. Se supone que ambas son naciones de menor rango que deberían dejarle esas cuestiones a los miembros permanentes del Consejo de Seguridad. Parece ser que Estados Unidos incluso pudo haber dado su aprobación a su iniciativa bajo la suposición de que fracasaría, con lo que se fortalecería el argumento estadunidense. Esto no ocurrió. Brasil y Turquía lograron su cometido. Por lo menos eso piensan. Y no tienen la intención de ser tratados como naciones de menor rango que deban servirle a sus superiores. En realidad, piensan que Estados Unidos debería saludar su acuerdo con Irán como un éxito y retirar la resolución.

Entretanto, todos los ojos están puestos sobre Corea. El 26 de marzo, se hundió un barco de guerra de Corea del Sur. En un principio los sudcoreanos dijeron que pensaban que había sido un accidente. Pero luego, dos meses después, lo cual es un tiempo sospechosamente largo, anunciaron que tenían pruebas de que un submarino norcoreano había hundido el barco con un torpedo. Algunos analistas sudcoreanos sugieren que el barco, que estaba involucrado en un ejercicio militar conjunto con Estados Unidos, fue de hecho hundido, erróneamente, por un submarino estadunidense. Esta sugerencia fue ignorada por la prensa mundial, que más bien ha estado debatiendo los motivos de Corea del Norte para hacer algo así. Hillary Clinton dice que no puede entender por qué habrían hecho algo así los norcoreanos.

Sea cual sea el caso, Corea del Sur ha roto sus lazos existentes con Corea del Norte, y ésta a su vez respondió de igual modo. El actual gobierno conservador de Corea del Sur ha echado a pique cualquier resto de la previa “política soleada” del presidente hacia Corea del Norte. Estados Unidos quiere una resolución del Consejo de Seguridad. Corea del Norte dice que, si se aprueba una resolución, dejará de cooperar con la inspección de sus instalaciones nucleares.

Entonces, nos hallamos en medio de una situación en que a un alto nivel se “llevan las cosas al límite”. Y los mercados mundiales reflejan un nerviosismo extremo. ¿Qué ocurrirá ahora? Obviamente, todo el mundo juega en función de su público propio. El gobierno estadunidense quiere mostrarle al Congreso que “está haciendo” algo serio. Igual el gobierno de Corea del Sur. Así también los gobiernos iraní y norcoreano. Y no hay duda de que igual hacen los gobiernos brasileño y turco.

¿Quién será el primero en pestañear? No parece que ninguna de las naciones de primera línea quiera, de hecho, una guerra. Hay mucho que perder para cualquiera de ellos. Sin embargo la decisión real no está en manos de ninguno de estos actores sino del gobierno chino. China es el que lleva la mano. ¿Qué tipo de resolución apoyarán los chinos en cualquiera de los dos casos? Es obvio que China quiere que todos se calmen, y mantener la calma. El problema es que llevar las cosas al límite puede ser un juego peligroso cuando el mundo –su geopolítica y su economía– está tan caótico y volátil. Podrían ocurrir accidentes. Algún oficial militar, en alguna parte, con el dedo en el gatillo, puede cometer algún error –accidental o deliberadamente–. Vivimos una época interesante.

(Texto de Immanuel Wallerstein, La Jornada, 12/VI/10).