jueves, 28 de abril de 2011

NACIONAL: Peligro internacional

El calderonismo ya es un destacado y declarado peligro internacional. El país a la deriva, controlado por cárteles nacionales o sus derivaciones regionales, exporta su producción delictiva y genera preocupación y enojo en gobiernos extranjeros. No son accidentes ni excepciones, sino consecuencias netas del caos que el felipismo ha ido instalando aplicadamente en el país: al norte, los gringos se asustan por la violencia del patio trasero e instalan soldados y barreras mientras analizan las posibilidades de intervenciones armadas o tutelajes rígidos, y los canadienses ponen freno a las facilidades de tránsito de los mexicanos, imponiendo el requisito de la visa para frenar éxodos y abusos; al sur, los centroamericanos comprueban dolorosamente que la tierra mexicana se ha convertido en infierno de mentira, corrupción, impunidad, violencia y muerte, convertidos los migrantes en mercancía disputada por delincuentes formales, policías, agentes y funcionarios de toda índole.

La “guerra” de Calderón contra el narcotráfico provocó tales desajustes y envilecimiento que los factores de una criminalidad largamente circunscrita a su campo natural (el negocio de las drogas, en todas sus variables) hubo de expandirse hacia rubros nunca antes explotados con tanto salvajismo: grupos antaño concentrados en los estupefacientes fueron desplazados por cárteles de favoritismo sexenal y, en una elemental lógica económica de supervivencia, al ser limitados en sus operaciones usuales por el reacomodo dirigido desde las alturas del poder, entraron de lleno a rubros que les permitieran sostener sus ejércitos en campaña permanente. Así fue como los centroamericanos en tránsito hacia Estados Unidos se convirtieron en materia de extorsión despiadada, en un proceso de crueldad creciente que va de la mano del trato dispar en la “guerra” oficial contra las drogas.

2010. 2010 fue el año de la consolidación del baño de sangre como política pública, del horror criminal (destazados, decapitados, colgados, asesinatos masivos) como pedagogía del poder, de la abolición (ya casi sin protestas) de derechos, garantías y legalidad, de las fuerzas armadas (los militares y las policías) como pilares del Estado de excepción sin declaratoria expresa, del Estado fallido que por tanto se encierra en sí mismo y trata de gobernar mediante camarillas mediocres y viciadas, entre visceralidades nocturnas y demagogia matutina.

Asfixiada así la vida cívica, cerrados los caminos a la organización social, controlados los mecanismos de representación política, prostituídas las alternativas electorales mediante las “alianzas” entre PRD y PAN, sometido todo al curso de los humores del bando de Los Pinos, tendida nacionalmente la red militarizada de control social, cada vez más amenazantes y dirigidas las manejables armas del narcotráfico contra la disidencia o la protesta, humeante el caldero grande, 2010 incubó las expectativas negras del 2011, a tal grado que en la administración federal se tienen especiales cuidados en prevención de que en los linderos de uno y otro año pudieran darse expresiones violentas de distinto origen, tanto de cárteles inconformes con el trato desigual que ha acabado privilegiando a ciertos grupos como de organizaciones armadas que creen llegado el momento de impulsar transformaciones violentas.

¿Cuál guerra? El comandante Calderón vuelve a las andadas: retoma el expediente desgastado de los Diálogos por la Seguridad para aparentar que escucha, dialoga y está dispuesto a corregir sus errores, en una sesgada respuesta a las voces que exigen poner un alto al baño de sangre y a la descomposición nacional que ha provocado. “Diálogos” acotados, selectivos, inocuos y propagandísticos mientras, por citar un ejemplo, madres de familia montaban guardia a las afueras de la escuela primaria Maclovio Herrera, de Ciudad Juárez, en prevención de los anunciados ataques de extorsionadores que habían dado de plazo hasta el sábado 15 de enero para que les fueran pagados 13 mil pesos o se atuvieran a sangrientas consecuencias. Desarmadas y con ayuda policial esporádica, las mujeres cuidaron a su leal entender el entorno escolar, sabedoras de que en diciembre pasado fue incendiado un plantel de educación preescolar por no aportar una cuota de cuya imposición las educadoras aseguran nunca haber tenido conocimiento, aunque entre el fuego fue pintada la sentencia condenatoria: “Por no pagar”.

Felipe asido a la tesis peregrina de que va ganando aunque no lo parezca. Felipe que en términos prácticos ha dejado de ocupar el sitial fraudulento de presunto presidente de México para convertirse en jefe de campaña panista en busca de continuidad (sangrienta). Felipe que hace como que dialoga consigo mismo para gobernar por sí mismo: Poder ejecutante que maltrata o desdeña al Legislativo y descalifica y acusa al Judicial. Felipe que sabe que está en las últimas, que su tiempo de poder nefasto se acaba, y que por ello está dispuesto a idear nuevas tretas y maquinar pesadillas que le permitan sostenerse, como de alguna manera amagó el 12 de enero: “Yo tengo prisa en el tema y no quiero dejar las cosas a medias”.

Violencia política temprana. Todo es violencia política ya. Las frases, el tono, el contexto e incluso ciertos encuentros físicos dan cuenta del creciente grado de rispidez de las relaciones entre instituciones y personajes políticos. Presagios preocupantes, pues pareciera estarse desarrollando un libreto de crispación que dañará y condicionará los resultados electorales del año venidero e inclusive podría llegar a obstruirlos o impedir su realización.

El bravucón estelar es Humberto Moreira, el representante del cártel de los gobernadores priístas que apenas fue declarado presidente electo del partido tricolor y comenzó a disparar oratoriamente contra los panistas, en lances que sin duda deben contar con la aprobación de su virtual jefe, el desbordado precandidato Enrique Peña Nieto que finge concordias con el felipismo mientras el mandatario coahuilense con licencia se enzarza en pleitos con los secretarios “montoneros” del gabinete blanquiazul, entre ellos el propio Javier Lozano, que parece tener al fin una contraparte priísta dispuesta al abuso verbal, la etiquetación negativa, el desdén e incluso la recordación del pasado tricolor del funcionario del trabajo que hoy, en aras de ganar puntos en su nueva adscripción partidista, se ha esmerado en descalificar a su anterior capilla. Otro de los secretarios tocados por el fuego verbal de Moreira es Alonso Lujambio, el atildado subsecretario general de Educación Pública (la titularidad verdadera, es decir, la responsabilidad de ejercer la secretaría, ha sido cedida a la profesora Elba Esther Gordillo, que a título de negocio familiar ha impuesto a su yerno como otro de los subsecretarios, ni más ni menos que el de educación básica).

(Tomado de: Julio Hernández López, La Jornada, diciembre 23 y 24, 2010; enero 13 y 14, 2011).

INTERNACIONAL: Túnez: la hora del estallido

Luego de casi un mes de intensas protestas, que dejaron un saldo de por lo menos 60 muertos, el primer ministro de Túnez, Mohammed Ganouchi, anunció el 14 de enero que había asumido de forma interina la presidencia del país, en sustitución de Zine Abdine Ben Ali, quien encabezaba un régimen autocrático y represor en la nación magrebí desde 1987.

El episodio comentado adquiere, por diversas razones, el carácter de inédito: lo es, ciertamente, porque se trata de la primera vez que una revuelta civil, predominantemente laica y de reivindicaciones democráticas, logra derrocar a un gobierno en el mundo árabe, pero, sobre todo, porque se produce en el que era considerado un remanso de paz y estabilidad en el Magreb. En efecto, el gobierno encabezado por Ben Ali –apenas el segundo presidente desde la independencia tunecina, en 1956– había logrado mantener a ese país al margen de pugnas poscoloniales como las que se desarrollan en el Sáhara Occidental –ilegalmente ocupado por Marruecos desde hace más de 35 años–; de expresiones de integrismo islámico como las que asuelan a la vecina Argelia, y de agudas confrontaciones con los gobiernos occidentales como las que afectaron al gobierno libio encabezado por Muamar Kadafi.

Sin embargo, en la revuelta desarrollada en la nación más pequeña del Magreb puede percibirse una conjunción entre el hartazgo social hacia el autoritarismo de la clase gobernante –reflejado en abuso del poder, el uso excesivo de la fuerza, la represión institucionalizada y, en general, la vulneración sistemática de sus garantías individuales– y la frustración provocada por los estragos de la globalización económica: al respecto, es significativo que el detonante de las sangrientas protestas en Túnez haya sido el descontento por la carestía y el desempleo que afectan a esa nación, en donde el 20% de la población más rica recibe 47% de los ingresos.

Desde una perspectiva más general, lo sucedido en Túnez puede entenderse como un síntoma del desmoronamiento de regímenes poscoloniales del norte de África, que aparentemente habían encontrado un acomodo en el orden mundial contemporáneo, y que hoy sufren convulsiones de diversa gravedad. Ante esta circunstancia, es inevitable preguntarse si la revuelta ocurrida en Túnez es un hecho aislado, o si episodios similares habrán de verse en meses y años próximos en otras naciones, como Egipto, aliado de Washington y gobernado por un régimen dictatorial tanto o más impresentable que el de Ben Ali, o en el propio Marruecos, donde crece la explosividad por la circunstancia de discriminación y miseria en que tiene sumidos el régimen de Rabat a sus conciudadanos y a los saharauis, como quedó de manifiesto con las sangrientas protestas de noviembre pasado en El Aaiún.

En suma, y sin dejar de ponderar positivamente la caída del régimen antidemocrático que encabezaba Ben Ali, el episodio debiera servir como una lección para que las naciones occidentales sometan a revisión su política de respaldo a algunas de las peores tiranías del mundo –condicionada a que se mantengan alineadas a sus designios geoestratégicos–, y contribuyan, de esa manera, a que las naciones del norte de África vivan procesos de transición pacíficos y ordenados.

(Editorial de La Jornada, 15/I/11).

OPINIÓN: Ocho tesis y muchas preguntas

Hace más de tres años el hombre que dirige desde Los Pinos los destinos de esta nación declaró una guerra contra los cárteles mexicanos de la droga. Al paso del tiempo los mexicanos habíamos aportado a esta guerra más de 31 mil muertos, según cifras oficiales, un número incontable de heridos, varias de las grandes ciudades del país (Ciudad Juárez, Chihuahua, Monterrey, Tampico, Morelia, Culiacán, Mazatlán) viviendo bajo el miedo y en virtual estado de sitio, regiones abandonadas por sus habitantes, zonas rurales que son tierra de nadie, carreteras federales intransitables, 17 estados de la República en crisis profunda de inseguridad, más de un millar de quejas ante las comisiones de derechos humanos (y esas son las que se hacen públicas, porque el miedo impide que se conozca más allá de la punta del iceberg) por violaciones, secuestros, chantajes, cateos ilegales, robos y todo tipo de abusos producidos por las fuerzas policiacas, el Ejército y en menor medida por la Marina, barrios urbanos y zonas industriales en los que no entran inspectores de Hacienda o de salubridad, porque el narco es el Estado.

¿Cómo se ha llegado hasta aquí? ¿Cómo puede detenerse esta inercia antes de que México se desvanezca en medio del miedo y el terror en un holocausto repleto de cabezas cortadas, tiroteos donde los ciudadanos inocentes son “bajas colaterales”, policías que entran a la casa rompiendo la puerta y se roban el queso que hay sobre la mesa, cárceles donde impera la mafia y se tortura sistemáticamente, declaraciones oficiales de avances y éxitos que ya ni los niños de la gran burguesía urbana se creen, fábricas y talleres que cierran, madres asesinadas por protestar por el asesinato de sus hijas?

Primera. Calderón pactó el inicio de esta guerra con el presidente Bush, ni siquiera con el entonces recién llegado Obama. Y la pactó en términos de ofrecerla en bandeja. Y la pactó en condiciones absurdas. La guerra contra el narco no era, no debería ser, una guerra mexicana, porque era, es en esencia, una guerra estadunidense, generada por el mayor consumo de droga a escala planetaria, el que se producía dentro del territorio de Estados Unidos. Así, la propuesta mexicana no debió haber pasado de una oferta de apoyo a una guerra que debería librarse en territorio gringo, combatiendo las redes de distribución, las estructuras financieras, controlando la frontera. En su territorio, no en el nuestro. Pero no fue así. En tres años no ha habido más de media docena de operaciones importantes de aquel lado de la frontera, mientras que de éste se ha desatado la más sangrienta de las confrontaciones que hemos tenido los mexicanos desde la guerra cristera.

Imágenes. Logro descubrir leyendo todos los periódicos locales de Acapulco los supuestos, los previos oficios, de los 15 hombres aparecidos sin cabeza: son dos adolescentes, un lavacoches, un chofer de recogida de basura, un mecánico, dos desempleados, un policía municipal, tres albañiles; las infanterías del cártel de Acapulco masacradas por el grupo del Chapo Guzmán (según dicen cartulinas encontradas a su vera) por el control de la plaza.

Segunda. Al gobierno de Calderón le tomó un año pedir a los estadunidenses el control del tráfico de armas, y desde que lo pidió no ha obtenido resultados. Según cifras oficiales, cerca de 50 mil armas largas (ojo con esto de las cifras oficiales: ¿quién las contó?), municiones, lanzacohetes, ametralladoras pesadas, han entrado a México para proporcionar a las mafias un poder de fuego muy superior al de las fuerzas armadas. Hoy cualquier achichincle de un narco puede seguir comprando municiones para un cuerno de chivo en una tlapalería en Houston. Las balas que matan a mexicanos se venden alegremente en Estados Unidos.

Tercera. Antes de iniciar una guerra, y no hay que leer a Sun Tzu o a Federico Engels para saberlo, el Estado debería contar con una labor de inteligencia sólida. ¿Quiénes son? ¿Dónde están? ¿Cuáles son sus nexos? ¿Cómo es su estructura financiera? Mil y un preguntas que necesitaban respuestas. Hoy sabemos que al momento de iniciarse la guerra de Calderón contra el narco toda, o buena parte de la estructura de inteligencia del Estado mexicano estaba en manos de facciones del propio narco, que utilizando a jefes policiacos del más alto nivel dirigieron las operaciones contra bandas rivales, agitando un avispero de venganzas que parece no tener fin. ¿Qué tanto de su aparato policiaco trabajaba para el enemigo? Directores de la policía, de las agencias contra el crimen organizado, la SIEDO, comandantes de la AFI, subprocuradores… A la fecha, el Estado mexicano aún no lo sabe o no quiere saberlo. A la fecha, la “inteligencia estatal” está filtrada, distorsionada, fragmentada; resulta (sobre todo de la lectura de sus comunicados) absolutamente incoherente.

Cuarta. El sistema judicial está podrido. Lleva muchos, muchos años estándolo. Agentes del Ministerio Público descalificados, jueces corruptos, ineficiencia absoluta cuando no complicidad declarada con el crimen. Con una estructura como esa no se podía ir a la guerra. ¿Cuántos delincuentes han sido dejados libres en estos pasados tres años? ¿Cuántos han recibido condenas intrascendentes respecto de la magnitud de sus crímenes? Pepe Reveles narraba el otro día en una mesa redonda que los que le entregaban los cadáveres al Pozolero (y hablamos de más de un centenar de muertos) pronto saldrán en libertad, porque el Ministerio Público sólo pudo acusarlos de tenencia de armas y posesión de drogas a causa de una investigación mal integrada. Reina un caos maligno, como habitualmente reinaba en la justicia mexicana, paraíso del accidente y la casualidad. Vivimos en un territorio de rezago de indagaciones, expedientes confusos, sin investigación científica, ausencia de un banco nacional de huellas digitales, inexistencia de un concentrado de la información de todas las agencias policiacas del país ¿Cuántas veces hemos leído en la prensa que el detenido había estado en la cárcel recientemente? ¿Quién lo soltó?

Quinta. En la cárcel de Torreón la directora torturaba a los presos. En otra cárcel las bandas tenían permiso para salir de noche para ejecutar rivales, en otras 10 prisiones se han producido fugas masivas. Hay denuncias sobre el control y los privilegios que las mafias tienen sobre todas las prisiones, incluso las de alta seguridad. Han sido despedidos más de una docena de directores de cárceles en los meses recientes. ¿Ha cambiado la situación interna? Sin la previa depuración del sistema carcelario, no se podía ir a la guerra.

Imágenes. La más aterradora de las anécdotas: en Torreón un hombre se detiene en el semáforo. Cuando se pone la luz verde ante él, el coche que lo precede está detenido. Va a tocar el claxon y duda. No son tiempos para andar tocando el claxon. La circulación está parada. Transcurre un nuevo espacio de tiempo con el semáforo nuevamente en rojo. Se decide y baja del coche, amablemente les pregunta a los del auto parado si puede ayudarlos en algo. El chofer le enseña una pistola y le ofrece 200 pesos. “Se ve que usted es gente decente, acabo de perder una apuesta con este güey (y señala a su copiloto, que muestra una Uzi muy sonriente) que usted nos tocaba el claxon y yo le pegaba un tiro. Es su día de suerte, amigo”. El coche arranca. El hombre amable se queda ahí, sudando frío.

Sexta. Conan Doyle en la boca de Sherlock Holmes solía decir que cuando una historia no estaba clara “follow the money”, hay que seguir el dinero, el rastro económico. El narcotráfico, como lo fue el contrabando de alcohol en Estados Unidos durante la era de la prohibición, o el robo de coches en México, es un negocio criminal, sigue reglas de un mercado semivisible, tiene inversiones, está sujeto a la producción y la distribución. Una parte del dinero, millones de millones de dólares, se moverá prosaicamente en paquetes de billetes verdes envueltos en papel periódico y en maletas Samsonite, pero otra parte, quizá la más importante, se convierte en inversiones, casas, automóviles de lujo, oficinas, hoteles, tiendas, restaurantes… En la era de Caro Quintero una colonia en Ciudad Juárez llamada burlonamente Disneylandia, estaba repleta de mansiones extravagantes: castillos de La Cenicienta, mansiones californianas, material chafa de Las mil y una noches, pagodas budistas. Todo el mundo en la ciudad sabía que era territorio del narco. El dinero es visible. ¿Y la ruta, las rutas que descienden desde Estados Unidos no lo son? El SAT está muy preocupado por cobrar los impuestos a cualquier gringo que se descuide y ¿no es capaz de detectar los millones que bajan desde el otro lado de la frontera? El gobierno mexicano ha puesto miles de trabas bancarias a los ciudadanos para mover su dinero, pero no ha abierto una macroinvestigación sobre las operaciones bancarias que acompañan este gran dinero de las mafias. En los cientos de decomisos, cateos, detenciones, ¿no han aparecido chequeras, cuentas bancarias, huellas y rastros? ¿Por qué no se habla de esto nunca? ¿Por qué el gobierno mexicano no ha pedido a Estados Unidos operaciones financieras que bloqueen el flujo de dinero al narcotráfico? Sin una investigación financiera sólida y un pacto bilateral con los estadunidenses para el bloqueo del dinero del narco, no se podía ir a la guerra.

Imágenes. Un gerente del Santander informaba hace dos años a su jefe regional que estaba recibiendo dinero no muy claro, como respuesta recibió un money is money.

Séptima. Un convoy del Ejército en La Laguna se dirige a una cárcel de alta seguridad: están transportando a un preso importante. Como no conocen la zona les han puesto una patrulla de la policía local al frente y otra en la cola. Al llegar a un semáforo la patrulla se detiene. Enciende y apaga las luces tres veces y luego se fuga a 150 kilómetros por hora. La patrulla de la cola hace lo mismo en reversa. De los callejones salen hombres armados que disparan contra los militares. Las patrullas no han vuelto a aparecer en la escena pública, tampoco los patrulleros, que se han desvanecido en esta gran nada informativa que es la guerra de Calderón. Entre Monterrey y Tampico una caravana de camionetas de renta que regresaban de un servicio son desviadas por la policía hacia una brecha, un camino rural. Al final del tramo un grupo de zetas armados con ametralladoras los están esperando. Los choferes serán torturados y robados. Hoy sabemos, gracias a las declaraciones de los testigos protegidos, que durante años altos mandos de la policía escoltaron los transportes de droga y protegieron como escoltas a los capos. Pero no sólo la policía, las policías, muchos policías, actúan en colaboración, apoyan, informan, protegen al narco, el Estado lo ha abastecido de cuadros. Uno de cada tres detenidos, se puede leer día a día en los periódicos, es un policía o un ex policía, un militar. Hace años en Tijuana pregunté al director de un diario por qué en días recientes se habían matado a tiros entre ellos una docena de policías en un choque entre bandas rivales. Me respondió que resulta más barato contratar a un poli que entrenar a un sicario. ¿Cómo es posible que el Ejército Mexicano (y el estadunidense) haya entrenado a un cuerpo entero de elite militar que luego se pasa en bloque para constituir la esencia de Los Zetas. Si los mexicanos lo sabíamos, si sabíamos que la delincuencia era policiaca en millares de casos, ¿no lo sabía el Estado mexicano? ¿Es posible ocultar cuando tu salario pasa de 15 mil pesos al mes a 250 mil? ¿Cuántas horas de investigación económica resistiría un agente de la policía antes de descubrir que tiene seis casas en fraccionamientos del estado de México? ¿Hay alguien en México que sepa interpretar la lectura de un polígrafo, el vulgarmente llamado detector de mentiras? ¿O el Estado mexicano no se atreve a usarlo ante el riesgo de que se muestre que la mayoría de sus agentes mienten? ¿La mayoría? ¿10 por ciento? ¿90 por ciento? ¿Hay algún polígrafo funcionando en alguna dependencia policiaca del país? ¿O se ha vendido para comprar refrescos y gansitos marinela en el Oxxo más cercano? Todo nace de unas fuerzas del orden cuya moral está pervertida. Y esta es una vieja historia mexicana, que adquiere su mayor nivel durante el alemanismo. Su clave es la impunidad. Los mexicanos sabemos que históricamente la policía y el Ejército no son una fuerza de orden sino una fuerza criminal semilegalizada, represiva. Sabiéndolo el gobierno Calderón como debería saberlo (no podemos presumir ese grado de estupidez que llegaría a lo inverosímil), ¿cómo se atrevió a lanzar una guerra contra el narco con ese material humano? Una guerra que no sólo no se podía ganar, sino que ni siquiera podía empezarse sin haber limpiado antes las fuerzas del orden. ¿Pero cómo limpiarlas sin debilitar al mismo tiempo la esencia represiva del propio Estado mexicano? Un general retirado me contaba que no tenía duda de que en el Ejército había un centenar de capitanes y mayores honestos, pero que no estaban cerca de la toma de decisiones. No se podía lanzar una guerra contra el narco con este material humano. No hay posibilidad alguna de variar la situación mientras la moral dominante en las “fuerzas del orden” sea la que hoy es.

Imágenes. Cualquier ciudadano con un celular puede grabarlas, en la carretera de Tampico a Matamoros circulan convoyes de cuatro o cinco camionetas negras, traen pintado en el costado con spray las siglas CG, cártel de Golfo.

Octava. Hoy el narco no sólo es una docena de grupos armados que controla una de las más importantes fuentes económicas del país. Son empresas que cobran protección, por ejemplo, a todos los comerciantes de Cancún. Son el control de todos los vendedores ambulantes de Monterrey. Son la justicia en zonas enteras de Michoacán donde La Familia reprime a maridos abusadores y deudores perniciosos (léanse las notas de Arturo Cano en La Jornada). Son los controles en carreteras federales que cobran peajes. Son los que le ofrecieron (y le cumplieron) a un restaurantero en Ciudad Juárez que si pagaba protección, no más inspectores de salubridad ni requerimientos de Hacienda. Son los controladores de la red de tráfico humano y secuestros más grande del planeta. Son los que ofrecen empleo bien pagado a millares de jóvenes de las pandillas de las zonas fronterizas. Son en una parte muy grande nuestro país, el nuevo Estado. Y un Estado que sustituye a otro Estado basado en el abuso, la corrupción. Un mecánico de banqueta en Chihuahua paga al narco 200 pesos a la semana por el uso de la acera, antes le pagaba de mordida 300 a la policía. Tal para cual. ¿Por qué habría de estar en la cárcel un capo si no lo está el que cometió un fraude electoral que robó a la nación su destino, ni lo está el que con su modesto salario de funcionario compró tres castillos en Francia? Mientras el Estado mexicano no pueda garantizar a sus ciudadanos una relación honesta no se puede librar una guerra contra el narco.

Imágenes. Unos niños en una foto en la primera página de La Jornada muestran un cartel que dice: “Queridos Reyes Magos, no queremos la guerra de Calderón”. Pero no basta con no quererla, hay que detenerla. Y eso significa, antes de otra cosa, resolver, entre otros, los ocho problemas que aquí se enuncian.

(Texto de Paco Ignacio Taibo II, La Jornada, 15/I/11).

ANÁLISIS: Balance migratorio

Según los más recientes reportes del Banco Mundial, México ostenta el primer lugar a escala global como país exportador de migrantes, con 11.9 millones. Le siguen de cerca India (11.4) y Rusia (11.1). Pero la comparación requiere de ciertas precisiones que hacen más preocupante nuestra situación. India es un país de mil 200 millones de habitantes, 10 veces más grande que México. Mientras India tiene fuera de su territorio a uno por ciento de su población, México tiene en el exterior a 10 por ciento.

En el caso de Rusia la comparación es aún más desventajosa, ya que en realidad está en una situación de equilibrio migratorio. Ha expulsado a 11.1 millones pero ha recibido a 12.3. Lo que lo coloca en el segundo lugar a escala mundial en cuanto a recepción de migrantes.

Si analizamos el comportamiento de las remesas a escala mundial, tampoco salimos muy bien librados. En primer lugar está India, con 55 mil millones de dólares; luego China, con 51 mil, y en tercer lugar México, con 22 mil 600 millones. India y China reciben el doble de remesas que México con una cantidad menor de emigrantes, lo que en otras palabras significa que indios y chinos reciben mejores salarios que los mexicanos y remiten más dinero. En efecto, India es el principal exportador mundial de personal médico. Pero México tiene lo suyo: 8.5 por ciento de los médicos entrenados en el país trabaja fuera y está ubicado en el sexto lugar mundial.

En el balance migratorio global, México sigue siendo un país exportador neto de mano de obra barata para el mercado de trabajo estadunidense. Las remesas tienen un impacto importante a nivel regional, sobre todo para las familias de los migrantes. Pero el ingreso de migradólares, de divisas para el país, es importante para la balanza de pagos, pero tiene un papel menor dada las dimensiones de la economía mexicana.

El balance económico y demográfico arroja claroscuros. Pero el panorama político y social es bastante más complicado. En Estados Unidos se canceló, hace apenas unas semanas, la posibilidad de avanzar de manera parcial en una reforma migratoria. Los republicanos en bloque y algunos demócratas cerraron el camino a la legalización a los menores de edad que habían ingresado como indocumentados acompañando a sus padres. Técnicamente ellos no eran responsables, menos aún culpables.

La persecución y deportación de migrantes será la tónica de este año en Estados Unidos. Los republicanos cerraron la puerta del Congreso a cualquier tipo de reforma y se disponen a apoyar legislaciones locales que se dediquen a perseguir la migración indocumentada. El caso de Arizona, que finalmente le dio la victoria a la gobernadora Jan Brewer, será un ejemplo a seguir, aunque no se asegura que la propuesta antinmigrante funcione de la misma manera en todos los contextos. El voto latino sigue siendo la única clave que puede frenar el avance de la ultraderecha. En los estados donde el voto latino es importante, los políticos de ambos partidos tienen que adoptar precauciones. En California la propuesta antinmigrante no les dio el resultado esperado y en Texas hay dudas sobre su posible efectividad.

En México, la emigración de mexicanos ha pasado a segundo plano. Es la migración en tránsito la que se ha convertido en tema y problema mayúsculo. La masacre de San Fernando, en Tamaulipas, donde fueron ultimados 72 inmigrantes, no fue lo suficientemente trágica y pavorosa como para que se buscara una solución definitiva. Su carácter excepcional jugó en contra. Fue algo tan fuera de toda dimensión, tan terrible, tan espeluznante, que se pensó que no iba a volver a suceder.

Pero ha vuelto a suceder y la respuesta de México ha dejado mucho que desear. Ante las denuncias de secuestros masivos de migrantes en Oaxaca, se procedió a desplegar una investigación burocrática que negó los hechos. Luego varios funcionaros y comunicadores respondieron indignados y ofendidos ante la protesta diplomática de varios países centroamericanos. Finalmente, tuvieron que investigar, recular y proceder.

Ha sido la denuncia valiente y airada del padre Alejandro Solalinde, del albergue Hermanos del Camino, la que motivó una avalancha mediática que ha obligado al gobierno de Oaxaca y a la Secretaría de Gobernación a adoptar algunas medidas para tratar de salir del apuro. Se ha propuesto una “fiscalía especial”, se han realizado algunas detenciones y se han recuperado algunos cadáveres. El negocio de la extorsión de migrantes ha sido atribuido a los zetas, y con la denuncia viene la justificación: es el crimen organizado el culpable y el gobierno de Calderón es el paladín de esta lucha. Con ese argumento habrá que esperar a ganar la guerra contra el narco para solucionar el problema del secuestro, la violación y la extorsión de los migrantes en tránsito.

No hay una política para la migración en tránsito y este es un problema generalizado a escala mundial. Ciertamente no es un asunto de fácil solución, pero ya no es posible negar los hechos. La solución planteada hace años para la frontera norte, con la formación del Grupo Beta, fue una medida exitosa que todavía sigue vigente. Pero su trasplante mecánico a la frontera sur deja mucho que desear. Su función es, por decir lo menos, inoperante y ambigua.

La migración en tránsito es un tema de responsabilidad compartida entre los países de origen, tránsito y destino. Eso en teoría; en la práctica, los centroamericanos reclaman y exigen, México no sabe qué hacer y Estados Unidos se lava las manos.

El modus operandi de los secuestradores es ampliamente conocido, hay decenas de testigos y los rescates llegan por transferencias bancarias internacionales. Más que fiscalías especiales (de las cuales ya tenemos amplia experiencia) se requiere de comandos especializados en el combate de este tipo de delito.

Ya no es posible seguir con la política de la avestruz o la de echarle la culpa al vecino.˜

(Texto de Jorge Durand, La Jornada, 2/I/11).

CHOPIN: Chopin, nuestro contemporáneo

La obra de Chopin ha ocupado siempre un lugar privilegiado en el gusto y en la memoria de los amantes de la música y de los propios músicos. No creo que haya alguien que no conozca y ame su música, del mismo modo que no puede haber tal cosa como un pianista ajeno a su obra (aunque Glenn Gould nos desmienta).

Si alguien nos dijera que nunca ha oído una obra de Chopin habría que preguntarle que cómo le ha hecho. Es prácticamente imposible no escucharla. La obra de Chopin no sólo existe en las salas de concierto; ha invadido ya otros ámbitos, como el cine, la radio, los discos, las telenovelas, los comerciales, las caricaturas y la intimidad de la casa. Podemos incluso oírla de vez en cuando en su modalidad de bolero romántico. ¿Quién no recuerda al trío Los Diamantes y su versión, con letra y todo, del Estudio en Mi Mayor, opus 10 número 3? El bolero, como sabemos, se llama Divina ilusión y en su tiempo fue un hit. A ese mismo Estudio ya lo había hecho famoso años antes, en Francia, el cantante Tino Rossi.

Allá, en su versión de chanson française, llevó por título Tristesse.

Y por si todo esto no fuera suficiente, el tercer movimiento de su Segunda Sonata ha llegado a ser en el imaginario colectivo el modelo incuestionable de lo que debe ser una marcha fúnebre o de la idea que tenemos de ella. Se trata de una música tan conocida y tan cercana a nuestras vidas y costumbres, que incluso el nombre de su autor ha pasado ya a un segundo plano. Podríamos aventurarnos a declarar que la Marcha fúnebre de Chopin habita ya en los extensos dominios del anonimato. Un honroso destino, a decir de Jorge Luis Borges, que pocas obras logran. Y añade que el poeta, el artista, aspira a que su obra, así sea una sola página, se lea, se escuche y habite en la memoria de los hombres sin que a nadie le preocupe saber o se pregunte por el nombre del autor. Allí, en ese territorio, Chopin es de todos y de nadie.

Tal atributo o condición de anonimato lo comparten unas cuantas obras más. Menciono otra marcha, ahora nupcial, la de la ópera Lohengrin, de Wagner. Todos somos testigos de que esa música no puede ni debe faltar en una boda. Su presencia es imprescindible y resulta poco probable que se ausente en tales ocasiones. Y no es, o no es solamente, la música que acompaña la ceremonia nupcial de Lohengrin y Elsa: es, junto con la de Mendelssohn, el prototipo de la Marcha nupcial.

Ahora bien, a diferencia de Wagner, cuyo mundo musical transita por la ópera y la orquesta, la imaginación de Chopin encontró en el piano su aliado más perfecto, el depositario fiel de sus ideas y fantasías musicales.

Algunos historiadores y comentaristas han criticado con dureza el hecho de que Chopin haya sido, antes que otra cosa, un compositor de música para piano. El teórico polaco-francés René Leibowitz afirma, en su libro De Bach a Schoenberg, que Chopin, en razón de haber escrito fundamentalmente para el piano, fue un compositor amateur, “pero de genio”, se apresura a decir. En suma, un amateur genial.

Yo no comparto ese dictamen. La predilección de Chopin por el piano es algo que no tiene que ver con esa suerte de incompetencia artística y artesanal, que es a lo que alude Leibowitz. Se trata, más bien, de un asunto que atañe exclusivamente a cuestiones relacionadas con la creatividad y la imaginación. Chopin supo desde muy joven que su voz hablaba con asombrosa precisión y claridad a través del piano, y que su pensamiento musical estaba profundamente vinculado a la naturaleza del instrumento. Por esa razón, sus ideas y fantasías musicales se funden y se confunden con el piano. Todos los aspectos de índole técnico y formal, que delinean y otorgan un inconfundible rostro a su música, nacen arropados y unidos íntimamente al instrumento y a sus exigencias idiomáticas.

En este sentido, no deja de ser asombrosa y admirable en su música esa capacidad, que la distingue de otras, de configurar un espacio, de enorme belleza, dentro del cual se desarrolla un entrañable coloquio entre el pianista y su instrumento. Aquí Chopin alcanza con insuperable maestría la mayor intimidad y cercanía. Es incuestionable que su música –sin duda, una de las más seductoras– se comporta a la vez como un puente, como un sendero que nos conduce y nos acerca al instrumento mismo.

Tocar y escuchar la música de Chopin es también entablar una relación directa y profunda con el piano. A través de su obra Chopin nos enseña a querer el instrumento, a amarlo fielmente y no abandonarlo jamás. (Algo parecido le sucede al violonchelo con las Suites para chelo solo, de Bach: después de oírlas es imposible no amar ese instrumento. Bach, dicho sea de paso, fue uno de los compositores más próximos al polaco, sino es que su predilecto. Chopin estudió y tocó siempre El clavecín bien temperado).

Con la música de Federico Chopin da inicio un nuevo pianismo, una manera diferente de escuchar y concebir el piano. Él inventa sonoridades y texturas desconocidas hasta ese momento. En sus manos, el piano se convirtió en el vehículo ideal para contar y cantar los sueños del Romanticismo. A través del piano, su gran aliado, el espíritu romántico explora las profundidades de las emociones humanas y penetra en la insondable región de los sueños.

Nadie duda de que las innovaciones de Chopin, en el ámbito de la técnica pianística y de su expresión, abrieron puertas y ventanas a caminos que aún hoy continuamos recorriendo. Sirvan de ilustración sus extraordinarios 24 Estudios para piano, que Chopin comenzó a escribir a los 20 años. Su aparición constituye un verdadero parteaguas en la historia de la técnica pianística. Pero su grandeza radica en que además de ser instrumentos pedagógicos de la más alta excelencia, cada uno de ellos es, a la vez, una obra maestra del arte musical en el ámbito de las formas breves.

Estos Estudios son para el siglo XIX lo que los Estudios de Debussy para el XX y los de Ligeti para la música actual: obras indiscutibles. Y no se podrían comprender cabalmente las audacias técnicas y expresivas de estos dos notables artistas sin la presencia y resonancia de los Estudios del primero. Así como es casi impensable imaginar a un pianista que no los haya estudiado y frecuentado constantemente, así también es imposible entender el pianismo moderno sin la participación de ese Opus Mágnum de Chopin.

Faltaría hablar de sus formidables Nocturnos, Baladas y Sonatas, además de sus Preludios, Valses y Mazurcas; señalar su original y novedosa armonía sustentada por los sueños de un romántico, no por las certezas de la Ilustración racionalista; una armonía cuyo cromatismo anuncia el enrarecido lenguaje musical de Wagner. Mencionar, asimismo, su frecuente interés y su destreza en la invención de texturas contrapuntísticas en una música en la que domina la melodía, y hacer notar, finalmente, su marcada predilección por construir frases melódicas asimétricas dentro de una estructura formal simétrica, propio de las prácticas del Clasicismo del siglo XVIII.

Pero dejemos estos asuntos para otra ocasión y escuchemos la música de Chopin, “una de las más bellas jamás escritas”, a decir de Claude Debussy, el otro portentoso autor de música para piano.

(Texto de Mario Lavista, La Jornada, 29/XII/10).

VENTANAS: Homenaje a G. A. Cohen (1941-2009)

La nueva edición en inglés (2000) de La teoría de la historia de Karl Marx. Una defensa, de Gerald Alan Cohen (la original es de 1978), incluye una nueva introducción y cuatro capítulos añadidos al final. Me referiré al capítulo 13 en el cual pone en duda la conclusión básica de su libro: la teoría de la historia de Marx es verdadera. Así lo expresa:

“... he llegado a preguntarme si la teoría que el libro defiende es verdadera. No creo ahora que el materialismo histórico sea falso, pero no estoy seguro cómo saber si es o no verdadero. Esto es opaco porque tenemos una concepción burda de qué tipo de evidencia lo confirmaría o lo rechazaría. Aunque traté en KMTH (así abrevia Cohen el título de la obra en comento) de hacer la teoría más precisa y clarificar sus condiciones de confirmación, resultará evidente de los retos descritos en este capítulo que se requiere clarificación adicional”.

Contrástese esta visión del materialismo histórico como teoría científica sujeta a comprobación empírica, con la postura de György Márkus: “La teoría del progreso humano no es la ‘ciencia positiva’ de la historia. Sólo tiene sentido como un elemento del esfuerzo histórico práctico para darle a la historia humana el sentido de progreso, es decir, para crear condiciones bajo las cuales todos los individuos puedan participar de manera efectiva e igual en las decisiones que determinan cómo darle forma al marco social e institucional de sus vidas para vivir mejor, de acuerdo a sus propios valores y necesidades”.

Cohen advierte, acercándose a Márkus, cuya obra, al parecer, no conoció, que “sus reservas sobre la teoría no debilitan su creencia de que es deseable y posible extinguir las relaciones sociales capitalistas y reorganizar la sociedad sobre una base justa y humanitaria”, puesto que “la apreciación de los principales males del capitalismo no depende de tesis ambiciosas sobre el conjunto de la historia humana. Tampoco la posibilidad de establecer una sociedad sin explotación y acogedora de la plenitud humana, requiere ni quizás se derive, de dichas tesis”.

Cohen identifica cuatro doctrinas, todas materialistas, formuladas por Marx que además tienen en común el énfasis en la actividad productiva: antropología filosófica, que concibe a los humanos como seres esencialmente creativos; teoría de la historia, en la cual el crecimiento de los poderes productivos es la fuerza que determina el cambio social; ciencia económica en la cual el valor es explicado en términos del tiempo de trabajo; y una visión de la sociedad futura: el bien supremo del comunismo es que permite un prodigioso florecimiento del talento humano.

Cohen sostiene que la antropología de Marx sufre severamente de unilateralidad: tiene un énfasis exclusivo en el lado creativo de la naturaleza humana (olvida Cohen el papel central de las necesidades en dicha antropología) pero desatiende la relación del sujeto consigo mismo y la relación con otros que es una forma mediada de relación con uno mismo. Dice que Marx (casi) dejó fuera la necesidad humana de auto-identificación o identidad y sus manifestaciones sociales. Argumenta que las agrupaciones humanas que no tienen carácter económico, como las comunidades religiosas y las naciones, son tan fuertes y durables en parte porque ofrecen satisfacción de la necesidad individual de auto-identificación. Al adherirse a colectividades tradicionales, añade, las personas tienen un sentido de quienes son. Cohen está pensando más en lo que Abraham Maslow llama necesidad de pertenencia que en la de identidad. Maslow dijo:

2011: año de incertidumbres

Cada día crece el mapa de la violencia. El país libra una guerra sin control, con una estrategia repetitiva y fallida. En 2010 el país se cubrió excesivamente de cadáveres, ejecuciones, narcofosas, asesinatos y captura de capos, que sólo anuncian nuevas caras y más matanzas. Terminó el 2010, año en el que la celebración del Bicentenario y el Centenario fueron una parafernalia costosa y poco significativa, año en el que el gobierno hizo el intento de dialogar con la sociedad para debatir la estrategia de combate a la delincuencia, pero no se cambió ni un centímetro la ruta. Y lo que ya se sabía: según un estudio avalado por la ONU, se calcula que el 73% de los ayuntamientos están bajo el control del narco. 2011 estará dominado por la lógica electoral. ¿Qué importa que siga la violencia y se acumulen los cadáveres?, ¿qué importa que México sea un Estado fallido?, ¿qué importa que sigan matando a las madres que piden justicia o a los periodistas que hacen su trabajo, o a los migrantes que buscan trabajo en Estados Unidos? No importa, mientras los políticos sigan con un altísimo financiamiento público, acceso a la televisión y los burócratas privilegiados tengan sus bonos de riesgo. Que el país se siga pudriendo.

“Solemos subestimar la profunda importancia del barrio, del territorio propio, del clan, de los nuestros, de nuestra clase, nuestra pandilla. Hemos olvidado nuestras profundas tendencias animales a la manada, a unirnos, a pertenecer. Cualquier sociedad buena debe satisfacer esta necesidad, de una u otra manera, si ha de sobrevivir y ser sana”.

Por eso Cohen señala que “el interés en definirse o ubicarse uno mismo no es satisfecho por el desarrollo de los poderes humanos. E incluso cuando una persona gana en entendimiento de sí mismo a través de la actividad creativa, porque se reconoce a sí mismo en lo que ha hecho, entonces típicamente se entiende a sí mismo como ser que posee un cierto tipo de capacidad, y no por ello es capaz de ubicarse a sí mismo como miembro de una comunidad”. La persona, añade, necesita saber quién es y cómo se conecta con otros; tiene que identificarse con alguna parte de la realidad social objetiva. Cohen introduce aquí dos advertencias: 1) sostiene que la religión o el nacionalismo, han sido satisfactores históricos de la necesidad de identidad; 2) al hablar de la necesidad de entenderse a sí mismo, Cohen, al parecer reinterpreta así la necesidad de identidad. Las formas más comunes de la religión y el nacionalismo constituyen medios inmaduros de satisfacción de la necesidad de identidad, apropiados para un estadio menos que plenamente civilizado del desarrollo humano.

En cuanto a la visión del futuro, Cohen pone en duda la idea de Marx de la desaparición de los roles (a los que veía como restricciones al desarrollo humano) en el comunismo. Marx insistía en que todos realizaran la gama plena de capacidades, pero Cohen, se pregunta, ¿qué tiene de malo que alguien se dedique a una o a pocas actividades y que queden muchos talentos de cada individuo sin desarrollar? Anota que hay una elección frecuente entre un modesto desarrollo de varias habilidades o el desarrollo virtuoso de una o pocas, y no hay base para afirmar la superioridad general de una opción. El pleno desarrollo no se sigue necesariamente del libre desarrollo. Termina preguntando si la unilateralidad de la antropología filosófica (a la que califica de falsa) es el origen de la falta de atención del materialismo histórico a los fenómenos del nacionalismo y las religiones, y la implicación que esto puede tener en la posible falsedad del materialismo histórico.

(Texto de Julio Boltvinik, La Jornada, 7/I/11).

VENTANAS: Palabras de mujer

“Si me matan… yo sacaré mis brazos de la tumba y seré mas fuerte…”, palabras maravillosas de Minerva Mirabal… palabras de mujer, infinitas, dichas desde un lugar del alma que nadie puede tocar ni dañar ni violar ni invadir ni asesinar ni encarcelar… ni nada… Las mujeres mártires resucitan para hablar de nuestra conciencia comprometida…. ¡Madres coraje! como Marisela Escobedo, paisana aguerrida… Voces que vuelven a ser sofocadas, brutalmente asesinadas, por atreverse a rebelarse contra una de las injusticias más grandes la humanidad, la muerte de una hija… Citando de nuevo a Minerva Mirabal “… Nada traduce la tempestad de mi alma…” Aquí desde este lugar donde hablaron desde Flora Tristán, las hermanas Mirabal, Digna Ochoa, las mujeres de Acteal, las desaparecidas por las redes de prostitución y trata, las mujeres asesinadas de Juárez… Marisela Escobedo… asesinadas por ser lesbianas, travestis y por último las asesinadas a cada instante víctimas de la violencia de los hogares… o las que hemos sido violentadas por nuestras propias parejas que han ejercido en nuestras hijas el delito más silenciado en el mundo, el abuso del poder en toda la extensión de la palabra… Las víctimas de la violencia en los hogares, una sociedad que ha hecho de los feminicidios una “heteronormatividad…” Desde este lugar incorrupto no envilecido, a corazón abierto, donde los aterradores contrastes son el pan de cada día. Como el ave Fénix, o Phoenicoperus como lo conocían los griegos, dentro de sus grandes virtudes, como el renacer de sus propias cenizas o sus lágrimas curativas… queremos romper el silencio… pero no como nos rompen a nosotras… Luchamos en contra de la custodia a la familia patriarcal, para desmercantilizar la existencia femenina, para que la tierra no sea mercancía, para que el agua no sea mercancía, para que la educación, el trabajo… y sobre todo para sustraer nuestros cuerpos del mercado.

(Texto de Carmen Vera, profesora de la UAM-X, La Jornada, 23/XII/10).